"NOTAS para una cronología de la política anexionista de Estados Unidos respecto a Cuba"

Por Jorge Lezcano Pérez


INTRODUCCIÓN

Aunque en las Notas que ponemos a consideración de los lectores se demuestra ampliamente las históricas ambiciones anexionistas de Estados Unidos sobre Cuba, bastaría con conocer que ya en 1767, Benjamín Franklin escribió sobre las necesidades de colonizar el Valle del Mississippi para ser usado contra Cuba y México; y que en 1805, el presidente norteamericano, Thomas Jefferson, informó a las autoridades del gobierno de Gran Bretaña que « En caso de guerra entre Inglaterra y España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba», para entender que la política agresiva y belicista del gobierno del presidente George W. Bush que anuncia una posible agresión militar contra el pueblo cubano- no comenzó el 1ro de enero de 1959 con el triunfo de la Revolución, sino que se inició desde hace dos siglos y, desde entonces, se ha desarrollado sistemática e ininterrumpidamente hasta los días de hoy.

Lo que el señor Bush está intentando hacer es llevar a cabo los mismos planes que desde Eisenhower intentaron realizar sin éxito los demás presidentes que le antecedieron, incluyendo su señor padre.

Como dejan demostrados los documentos y pronunciamientos oficiales de presidentes, congresistas, políticos y las opiniones de la influyente prensa estadounidense, recogidos en el presente trabajo, Estados Unidos ha utilizado todo tipo de acciones para apoderarse de Cuba. Desde las propuestas de compra de la Isla, el apoyo a España para que mantuviera el brutal régimen colonial hasta que le fuera factible apoderarse de nuestro territorio, el no reconocimiento de la beligerancia de los patriotas cubanos, medidas represivas para obstaculizar e impedir el abastecimiento a las tropas que luchaban contra el ejército español, la ocupación militar de Cuba, imposición de la Enmienda Platt para garantizar su derecho a intervenir militarmente en el país aún después que éste fuera independiente y soberano, hasta las medidas aplicadas en épocas más recientes: el criminal bloqueo que dura ya 45 años, la agresión mercenaria por Playa Girón, la amenaza de guerra nuclear durante la Crisis de Octubre, las leyes Torricelli y Helms Burton, los más de 600 planes para eliminar físicamente al Presidente Fidel Castro, la introducción de plagas y enfermedades, sabotajes en los sectores principales de la economía, la estimulación a las salidas ilegales y una permanente y sistemática campaña de desinformación y falsedades sobre la realidad cubana.

Como puede deducirse de esta relación de acciones que han formado parte del amplio y vasto arsenal de agresiones llevadas a cabo por Estados Unidos para apoderarse de Cuba, las diferentes administraciones norteamericanas no han escatimado ningún tipo de medidas para cumplir sus imperiales propósitos.

En las últimas cuatro décadas ha estado utilizando con igual intensidad, junto a las agresiones, intervenciones mercenarias y amenazas de invasión militar, la guerra sicológica, con amplio despliegue de propaganda conteniendo variados mensajes de diversionismo ideológico. Los métodos utilizados son los mismos que han empleado para encubrir las masacres perpetradas contra pueblos enteros, de manera especial aplicando descaradamente la doctrina goebeliana de repetir cien veces una mentira hasta convertirla en verdad.

La perversidad de la propaganda norteamericana destinada a dañar la imagen de la Revolución se manifiesta constantemente en sus falsas denuncias sobre supuestas violaciones de derechos humanos en Cuba, represión a «disidentes independientes», producción de armas de destrucción masiva (bactereológicas), apoyo a terroristas y países calificados de terroristas, no combatir el narcotráfico, promover el turismo sexual y el tráfico de personas, etc. Aspecto relevante de esta enfermiza y diabólica campaña lo constituye el mensaje que pretende hacer creer al pueblo cubano que el 20 de mayo de 1902 es la fecha en que se funda la República, y, con ella, se alcanza la verdadera independencia de Cuba.

El objetivo que persigue este mensaje diversionista está muy claro, trasladar la idea que:

1. El sistema democrático instaurado el 20 de mayo de 1902, es el que representa el objetivo por el cual luchó José Martí y no el que se implantó el 1ro. de enero de 1959.
2. Las afectaciones y dificultades que actualmente enfrenta el pueblo cubano serían resueltas tan pronto Cuba regrese al 20 de mayo de 1902.

Para demostrar las falsedades e hipocresías que se trasmiten en la edulcorada propaganda norteamericana solo se requiere analizar con rigor histórico y apego absoluto a la verdad, cuáles son las abismales diferencias existentes entre la República que soñó y por la que ofrendó su vida José Martí, y aquella que nos obligó a aceptar Estados Unidos como condición para llevarse sus tropas intervencionistas del territorio cubano. Examinemos para ello algunos de los principales componentes que debe garantizar una República que pretenda ser considerada independiente y soberana, de justicia social para todos los ciudadanos, de igualdad de derechos, en la que la educación , la salud y la cultura sean patrimonio y derecho de todo el pueblo, que la economía y las riquezas que a escala de la sociedad se crean contribuyan al bienestar de todos los que lo hacen posible, y en el que cada hombre y mujer del pueblo pueda participar del ejercicio del poder.

Lo primero que hizo el gobierno de Estados Unidos, mediante el gobernador militar de la Isla, y la complicidad de los anexionistas criollos, para asegurarse de que los sueños y luchas de Martí y demás patriotas cubanos, no se convirtieran en realidad con la derrota del ejército español, fue eliminar los tres principales pilares que daban la garantía de que la lucha librada durante 30 años culminara con la implantación de los propósitos que la inspiraban:

1. Disolvieron al Partido Revolucionario Cubano
2. Desmovilizaron al Ejército Libertador
3. Desintegraron la Asamblea de Representantes.

Estas medidas fueron acompañadas de otras que le darían garantía al gobierno norteamericano para que a la República que naciera el 20 de mayo de 1902 le fuera imposible suprimir sus extraordinarios privilegios e impedirles la anexión de la Isla en el momento que lo consideraran propicio. Fue así que se hicieron dueño de la economía del país, rebajaron las tarifas aduaneras cubanas a los productos norteamericanos sin que, a cambio, se modificaran las que gravaban los productos cubanos al entrar en los Estados Unidos. Organizaron las primeras elecciones para elegir a los Alcaldes y al Presidente de la República, lo que hicieron de manera fraudulenta. Esto posibilitó que Tomás Estrada Palma (único candidato porque su opositor fue prácticamente obligado a renunciar a esa aspiración), anexionista confeso, fuera el flamante presidente de la República nacida en 1902. No por casualidad fue este presidente, el primero también, quien para satisfacer sus ambiciones reeleccionistas, hizo uso de la Enmienda Platt y solicitó la intervención norteamericana, que se hizo efectiva el 29 de septiembre de 1906, con la designación de William H. Taff, secretario de guerra de los EE.UU., como gobernador provisional. Esta nueva intervención de Estados Unidos duró dos años y cuatro meses.

Aunque quizás serían suficientes estos hechos para definir cuál fue la verdadera República que nació el 20 de mayo de 1902, resulta interesante abordar otras facetas que descalifican la propaganda norteamericana sobre este tema.

Veamos primeramente qué pensaba Martí sobre la anexión de Cuba a los Estados Unidos y sobre la República que debía fundarse después de obtenerse la independencia de España, cuya esencia de pensamiento adelantaría en la idea de que la verdadera Revolución sería hecha después de alcanzar el triunfo sobre el Ejército español.

«La corriente es mucha, y nunca han estado tan al converger los anexionistas ciegos de la Isla y los anexionistas yanquis. Para mí sería morir. Y para nuestra patria» (…) «Una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella? ¿Ni por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera, - no del pueblo que es, propio y capaz-, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Bases más seguras quiero para mi pueblo».

«Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre».

«El espíritu de gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país» (…) «Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas».

«En verdad; mientras haya un hombre que duerma en el fango, ¿cómo debe haber otro que duerma en cama de oro?» (…) «No es rico el pueblo donde hay algunos hombres ricos, sino aquel donde cada uno tiene un poco de riqueza».

«El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos» (…) «Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro».

«Las ideas no están seguras hasta que las mujeres las aman» (…) «Cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible».

«Ser culto es el único modo de ser libre» (…) «y detrás de cada escuela un taller agrícola, a la lluvia y al sol, donde cada estudiante sembrase su árbol». (…) «Cada hombre al nacer tiene derecho a que se le eduque, y en pago el deber de contribuir con la educación de los demás» (…) «El pueblo más feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos» (…) «Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre».

«Quien dice unión económica, dice unión política». (...) «Hay que equilibrar el Comercio para asegurar la libertad» (…) «El influjo excesivo de un país en el Comercio de otro, se convierte en influjo político» (…) «El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios». (…) «Comete suicidio un pueblo el día en que fija su subsistencia a un solo fruto».

Cuando se examina la situación en que se encontraba la República de Cuba (heredera legítima del 20 de mayo de 1902) en el año 1958, cuando la fuga del tirano Fulgencio Batista, -quien recibió hasta el último día constante y abundante apoyo económico, político y militar de Estados Unidos- y se compara esa desastrosa situación con las ideas de Martí que aparecen en los párrafos anteriores, queda demostrado claramente que en nada se corresponde con los sueños del Apóstol sobre la República que aspiraba construir una vez alcanzada la independencia de España.

La Enmienda Platt con su facultad intervencionista, incorporada en forma de apéndice a la Constitución, no solo establecía el carácter mediatizado de la república del 20 de mayo, sino que la subordinaba directamente a los intereses políticos económicos de Estados Unidos y le abría el camino para la futura anexión.

A contrapelo del alerta dado por Martí, el país había sido convertido en monoproductor, al cultivo de la caña de azúcar estaba atada la vida económica de la República. Además la industria azucarera y las mejores tierras pertenecían a grandes corporaciones norteamericanas. De la misma manera se comportaba el comercio, el que mayoritariamente se realizaba con el poderoso vecino del norte.

Otro ángulo de la dependencia se puede observar en la copia exacta que se hizo del sistema norteamericano incluyendo el hecho de que durante los 25 años anteriores al 1ro. de enero de 1959 la mafia estadounidense estuvo actuando en el país. Durante todos esos años llegaron a controlar bancos como el Shase National Bank, el The National City Bank of New York, The Trust Company of Cuba y el Banco Atlántico entre otros. También operaron entidades hoteleras, de medios de Comunicación, prensa escrita, radio, televisión, compañía de seguros, casas importadoras y exportadoras, etc.

Sectores tan estratégicos como el de la energía eléctrica y la telefonía, también estaban en manos de las empresas estadounidenses.
En lo social la situación de la República se apartaba radicalmente de aquella por la que Martí y sus compañeros habían luchado al precio de sus vidas. La prostitución y la discriminación racial y de la mujer afectaba a toda la sociedad.

Una investigación realizada entre 1956 y 1957 por la Agrupación Católica Universitaria, referida a la situación del campesinado cubano, demostró que el 14% padecía o había padecido de tuberculosis, el 13% tifoidea, 35% parasitismo, 63,96% no tenía inodoros ni letrinas, el 82,62% no poseía baño ni ducha y solo el 7,2% accedía a la electricidad.

En el alegato que hizo Fidel Castro en su propia defensa durante el juicio que se le siguió por el ataque al Cuartel Moncada se exponen cifras impresionantes: «Quinientos mil obreros del campo, que habitan en bohíos miserables, trabajaban cuatro meses al año; seiscientos mil cubanos sin trabajo; cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya; doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar para darles de comer a sus hambrientos hijos; dos millones ochocientos mil personas de la población urbana y suburbana carecen de luz eléctrica».

Agreguemos a este terrible panorama que, según datos oficiales de la época que siempre escondían la verdadera realidad- se reconocía la existencia de 10, 000 maestros sin trabajo; el 36% de la población era analfabeta; una tasa de mortalidad infantil de niños menores de un año de 60 fallecidos por 1000 nacidos vivos; una expectativa de vida de 50.5 años.

Cualquier persona honesta que compare la realidad existente en la Cuba de hoy, con la situación política-económica-social que heredó la Revolución el 1ro de enero de 1959 -causada por el sistema implantado el 20 de mayo de 1902, y que estuvo en el poder durante 59 años, puede concluir, sin temor a equivocarse, que la República que los cubanos han edificado durante sus 45 años de vida se corresponde realmente con los ideales y doctrinas de José Martí.

Si desde Miami, los neoanexionistas cubanos y norteamericanos, junto con Bush y sus halcones, continúan clamando por el regreso a la República Plattista del 20 de mayo de 1902, es única y exclusivamente porque ello significaría la aplicación práctica e institucional de la política de anexión iniciada hace 200 años.

Ante esa alternativa, la respuesta del pueblo cubano sigue siendo la misma del Héroe de la Independencia de Cuba: «… ¡Antes de cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del sur al mar del norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila».

En las Notas para una Cronología de la Política Anexionista de Estados Unidos Respecto a Cuba, se explica con claridad meridiana por qué la lucha del pueblo cubano va mucho más allá de la defensa del principio de autodeterminación, de su sistema político-social y de la Revolución. Es todo eso y mucho más, porque se trata del dilema de siempre, ese que se inició el 10 de octubre de 1868: la existencia misma de la nación, que para que sea tal, tiene que ser libre, independiente y soberana.

Por esa razón los cubanos seguimos diciendo como José Martí momentos antes de caer en combate por la independencia de Cuba:

«Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber» (…) «de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América».

Jorge Lezcano Pérez

PRESENTACIÓN

El presente trabajo, es sólo como lo dice su título, unas notas para la cronología exacta y completa que algún día se hará sobre la política anexionista de los Estados Unidos respecto a Cuba que dura ya más de dos siglos.

Como observará el lector aquí no aparecen las consideraciones y criterios, que con toda razón y derecho tendrían el pueblo y el Parlamento cubanos sobre aspectos tan sensibles para la soberanía e independencia del país.

Se ha preferido solamente utilizar textos y pronunciamientos oficiales que han expresado presidentes, congresistas y funcionarios norteamericanos desde 1767 patentizando deseos, sueños, necesidades v supuestos derechos para convertir a Cuba en parte del territorio de los Estados Unidos.

No habrá que ser un avezado político ni un profundo conocedor del mundo complejo de hoy, para, después de leer el presente documento, llegar a la conclusión de cuánta falsedad, mentira e hipocresía encierra toda la falsa campaña diversionista de las autoridades norteamericanas dirigidas a hacerle creer al mundo que su diferendo con Cuba radica en lo que ellos llaman violaciones de derechos humanos, falta de democracia, represión de disidentes, existencia de una Revolución Socialista a 90 millas de su territorio que atenta contra la seguridad nacional de su país, etc., etc.

Con meridiana claridad, con definiciones propias de un imperio expansionista, en estas pocas páginas queda definido con exactitud que mucho antes de que Marx y Engels desarrollaran la teoría científica del marxismo y Lenin estableciera el Primer Estado Obrero v Campesino del mundo, desde los tiempos en que Cuba era colonia de España, y por tanto sin ser aún una nación libre, soberana e independiente, y 192 años antes del triunfo de la Revolución cubana, ya se había manifestado el propósito norteamericano de incluir a nuestro país entre sus estados preferidos, lo cual revela las verdaderas raíces del diferendo Cuba- Estados Unidos.

Para los que deseen profundizar en el tema, acercarse a las realidades de la Cuba de hoy y conocer de las profundas motivaciones del pueblo cubano a través de la historia para defender con pasión y heroísmo la soberanía y la independencia del país, les resultará útil leer este breve texto.

El Autor

PRESENTACIÓN A LA SEGUNDA EDICIÓN

Han transcurrido cinco años de la publicación de las primeras «Notas para una cronología de la política anexionista de los Estados Unidos respecto a Cuba»; desde entonces la situación en el mundo se ha vuelto más compleja y peligrosa como consecuencia de la actitud prepotente y belicista de la administración del presidente norteamericano George W. Bush, la puesta en práctica de su política de ataque preventivo, que tienen en Afganistán e Irak sus más dolorosos y graves ejemplos, y la amenaza bajo el falso pretexto de combatir el terrorismo de atacar a 60 o más países en cualquier rincón oscuro del mundo, que el gobierno norteamericano considere puedan amenazar la seguridad nacional de su territorio.

Para Cuba, estos cinco años han significado, y siguen significando, momentos de grandes peligros, e incluso, de riesgo de una posible agresión militar del gobierno de los Estados Unidos.

En particular, desde el mes de diciembre de 2001, en que fueron injustamente sancionados por un tribunal norteamericano los Cinco Héroes cubanos, el gobierno de los Estados Unidos ha incrementado las medidas dirigidas a hacer más cruel y brutal el bloqueo que dura ya más de 40 años; ha ampliado también el apoyo a los mercenarios cubanos (anexionistas de nuevo tipo, pero de igual ideología que de los de épocas anteriores) con el objetivo de no solo utilizarlos como quinta columna en sus planes de agresión, sino también como carteles de propagandas en todo el mundo en sus campañas de desinformación de la realidad cubana.

En cada uno de estos años, importantes representantes del gobierno norteamericano, comenzando por el propio presidente Bush, han lanzado serias amenazas a Cuba y anunciado sistemáticamente diferentes y variados planes para derrocar al gobierno cubano, destruir la Revolución e implantar el régimen neocolonial desplazado el 1ro de enero de 1959.

El expediente de los pretextos que está elaborando el gobierno estadounidense para justificar una guerra contra Cuba incluyen, entre otras, falsas acusaciones de que el gobierno cubano produce armas de destrucción masiva principalmente biotecnológicas-; apoya a países y organizaciones terroristas y no combate el terrorismo; promueve y tolera el narcotráfico hacia los Estados Unidos; y estimula la emigración masiva hacia su territorio, poniendo en peligro la seguridad nacional del país. A ello debe agregarse las permanentes campañas de acusaciones sobre supuestas violaciones de derechos humanos, las que adquieren su nivel más alto de cinismo y chantajes en cada ocasión en que se reúne la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

En tales circunstancias resulta más necesario profundizar en las verdaderas e históricas motivaciones de los Estados Unidos para apoderarse de Cuba, de ahí la urgencia de publicar la segunda edición de «Notas para una cronología de la política anexionista de los Estados Unidos respecto a Cuba». En esta ocasión hemos incorporado otras declaraciones que, en diferentes épocas, han formulado presidentes, secretarios de estados, congresistas y personalidades norteamericanas de variadas esferas de la sociedad estadounidense, así como artículos y editoriales publicados en periódicos de ese país. Igualmente añadimos reflexiones de José Martí sobre el tema, y trabajos publicados por escritores e historiadores cubanos y norteamericanos.

Para entender por qué los Estados Unidos han mantenido durante casi 45 años un bloqueo genocida contra Cuba, han organizado más de 600 planes para asesinar al presidente Fidel Castro, han gastado miles de millones de dólares para destruir la Revolución e insisten en implantar en la nación cubana un gobierno títere que les posibilite hacer realidad sus sueños de anexarse a Cuba, es imprescindible hurgar en la historia que comenzó hace más de dos siglos. Esta nueva publicación tiene como fin contribuir a ese objetivo.

El Autor

CRONOLOGÍA DE LA POLÍTICA ANEXIONISTA DE LOS ESTADOS UNIDOS


En 1767, una década antes de que las trece colonias inglesas declararan su independencia, Benjamín Franklin escribió acerca de la necesidad de colonizar el Valle del Mississippi: «Para ser usado contra Cuba y México».
Desde la época del primer período presidencial de Thomas Jefferson, en 1801, elementos influyentes de Estados Unidos consideraban a la «Perla de las Antillas» con un interés que iba más allá de las meras relaciones comerciales. Argüían que Cuba, tendida como está a través de la entrada del Golfo de México, y casi a la vista de la Florida, podría servir, en manos norteamericanas, como baluarte de la defensa, en tanto que en otras manos constituiría un peligro. Una potencia fuerte, gozando de la posesión de Cuba, -continuaba la argumentación- dominaría las rutas comerciales, y podría interrumpir el comercio norteamericano con todas las Antillas, cerrar la salida del Mississippi y amenazar la costa oriental de Estados Unidos. Para evitar esta amenaza futura, Estados Unidos debería tomar medidas inmediatamente para adquirir a Cuba.
En 1805, en una nota al Ministro de Inglaterra en Washington, el Presidente Thomas Jefferson emitió las primeras declaraciones con carácter oficial, expresivas de su interés de apoderarse de Cuba: «En caso de guerra entre Inglaterra y España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba por necesidades estratégicas para la defensa de Louisiana y de la Florida».
En la primavera de 1808, Jefferson envió a Cuba al general James Wilkison a sondear al capitán general Someruelos. Wilkison expresó a éste las simpatías de Estados Unidos por España, pero comentó que se había abierto ya un abismo infranqueable entre la Madre Patria y sus colonias, y sugirió que a los intereses de su interlocutor convendría que Cuba fuese traspasada a Estados Unidos.
En 1809, Jefferson dejó la presidencia, pero continuó aconsejando cómo podría Estados Unidos adquirir a Cuba. Recomendó a su sucesor, el presidente Madison que preparase un tratado con Napoleón mediante el cual éste entregara a Cuba a Estados Unidos a cambio de dejarle manos libres para sus planes del Imperio en la América Hispana.
El gobierno norteamericano nombró en 1810 a William Saler Cónsul en La Habana, a quien le dieron la instrucción de sondear la disposición de los cubanos hacia la idea de que la Isla pasara a formar parte de los Estados Unidos.
En 1810, llegó a Cuba un agente especial de Estados Unidos para establecer contactos con elementos anexionistas y realizar actividades conspirativas. En ese propio año el Presidente estadounidense, James Madison, orientó a su Ministro de Londres William Picknoy, poner en conocimiento de la administración de ese país que: ...«La posición de Cuba da a Estados Unidos un interés tan profundo en el destino de esa Isla, que aunque pudieran permanecer inactivos, no podrían ser espectadores satisfechos de su caída en poder de cualquier gobierno europeo».
Notas del diario de John Quincy Adams (Año 1822).
«Se discutió la cuestión de lo que había que hacer. El Sr. Calhoun siente un ardentísimo deseo de que la Isla de Cuba pasara a formar parte de los Estados Unidos y dice que igual lo tiene el Sr. Jefferson. Dos peligros se evitarían con ello: el uno, que la Isla cayese en manos de Gran Bretaña; el otro que fuera víctima de una revolución de negros. Calhoun dice que Jefferson le dijo hace dos años que deberíamos, en la primera oportunidad, tomar a Cuba, aún a costa de una guerra con Inglaterra».
En 1822 el agente comercial de Washington en La Habana alentaba la idea de la anexión de Cuba en carta dirigida al Senador C. A. Rodney.
En 1823, siendo presidente James Monroe, el integrante de su Gabinete, John Calhoun defendió el criterio de anexar la Isla, con el apoyo del ex-Presidente Jefferson, quien había dicho: ...«Confieso francamente haber sido siempre de la opinión que Cuba sería la adición más interesante que pudiera hacerse en nuestro sistema de Estados».
En reunión del gabinete norteamericano (1823) en que se estaba tratando la cuestión cubana, se recomendó que se hiciera una proposición a Inglaterra para la renuncia conjunta de designios anexionistas. Pero tanto John Calhoun como John Quincy Adams se opusieron a ese proyecto, por considerar que obligaría a Estados Unidos para el futuro.
En 1823, John Quincy Adams (secretario de Estado), que opinaba que Estados Unidos no estaba obligado a hacerle a Inglaterra, gratis, una concesión (sobre Cuba) que ésta no había pedido, le escribió una carta a James Madison, en lenguaje que reflejaba la política de la «fruta madura» debemos «permanecer tranquilos y dispuestos a recibir esa interesante incorporación (Cuba) cuando espontáneamente nos sea ofrecida porque, de cierto, su admisión a nuestra Confederación es exactamente lo que falta para redondear nuestro poder como Nación hasta el punto de su extremo interés».
El presidente de los Estados Unidos, James Monroe envió en 1823, carta a John Quincy Adams, en la que afirmaba: «siempre he concordado con UD. en la opinión de que no puede exagerarse la importancia que tiene la Isla (Cuba), y que debiéramos, si fuera posible, incorporarla a nuestra Unión, aprove-chándonos para eso del momento más favorable, y esperando también que llegue uno en que pueda hacerse sin ruptura con España o con ninguna otra potencia».
El 28 de abril de 1823, el Secretario de Estado, John Quincy Adams (posteriormente Presidente en 1825) enviaba instrucciones escritas al Ministro de Estados Unidos en España en las que expresaba: …«Estas islas, Cuba y Puerto Rico, por su posición local son apéndices naturales del continente norteamericano, y una de ellas, la Isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser, por multitud de razones, de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión. Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarán probablemente los acontecimientos en los próximos 50 años, casi es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad»…
El desarrollo de este pensamiento anexionista lo concluía con su teoría de «la fruta madura»; ...«Pero hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo, así Cuba, una vez separada de España y rota y la conexión artificial que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar, necesariamente hacia la Unión Norteamericana, y hacia ella exclusivamente, mientras que a la Unión misma, en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno».
El 2 de diciembre de 1823, el Presidente James Monroe dio a conocer la llamada Doctrina Monroe, instrumento geopolítico que advertía a las potencias europeas que no podían inmiscuirse en los asuntos de las naciones del continente, pues América era de los norteamericanos. Según el escritor norteamericano, Phillips S. Foner, la política de la Doctrina Monroe se elaboró pensando funda-mentalmente en Cuba.
En 1825, fuerzas de México y Colombia laboraban por arrancar a Cuba de la soberanía de España. El 27 de abril de ese año, el Secretario de Estado del Gobierno norteamericano, Henry Clay, dictó una instrucción en la que se expresaba: ...«Los Estados Unidos prefieren que Cuba y Puerto Rico permanezcan dependientes de España».
Del 22 de junio al 15 de julio de 1826, se celebró el Congreso de Panamá convocado por Simón Bolívar. Desde antes de su celebración el Gobierno norteamericano había anunciado que se opondría a cualquier acuerdo que se adoptara en lo relativo a la independencia de Cuba.
Refiriéndose a ello, el General José Antonio Páez, quien sería el jefe de la proyectada fuerza independentista, a puntó en sus memorias: «El Gobierno de Washington, lo digo con pena, se opuso de todas vías a la independencia de Cuba».
En 1826, el senador John Holmes, expresó en e! Senado norteamericano: ...«¿Podemos permitir que las islas de Cuba y Puerto Rico pasen a manos de esos hombres embriagados con la libertad que acaban de adquirir? ¿Cuál tiene que ser nuestra política? Cuba y Puerto Rico deben quedar como están».
En 1840, el secretario de Estado del Presidente Van Burén, manifestó a España, por conducto de su Encargado de Negocios en Madrid: ...«Está usted autorizado para asegurar al Gobierno español que, caso de que se efectúe cualquier tentativa, de donde quiera que proceda, para arrancar de España esta porción (Cuba) de su territorio, puede él contar con los recursos militares y navales de los Estados Unidos para ayudar a su acción, así para recuperar la isla para mantenerla en su poder».
El 23 de julio de 1843, el periódico SUN de New York, publicó un editorial con el título «Cuba bajo la bandera de los Estados Unidos». En él se decía: «Cuba tiene que ser nuestra…. Dadnos a Cuba, y nuestras posesiones estarán completas».
El Senador Yulec, de Florida, fue el primero en proponer la compra de Cuba, en 1845, presentándola en forma de proyecto de resolución del Senado de Estados Unidos.
El 6 de julio de 1847, John O`Sullivan, envió un memorandum al Secretario de Estado, James Buchanan, informándole sobre las reuniones que había asistido en el Club de La Habana, y asegurándole que los cubanos ricos, por temor a una insurrección de esclavos, no querían ser independientes, y estaban preparados a contribuir con una elevadísima suma a la compra de la Isla por los Estados Unidos. O`Sullivan instaba a Buchanan a proponer el plan de compras al Presidente Polk.
En sesión del Senado norteamericano, (1848) John C. Calhoun, declaró: «Hay casos de interposición en que yo acudiría al recurso azaroso de la guerra con todas sus calamidades. ¿Si se me pregunta cuál es uno de ellos? Pues responderé. Designo el caso de Cuba. Dos contingencias justificaría semejante paso. Primera el traspaso de la Isla por España a cualquier otro país que no fueran los Estados Unidos; segunda, que España, bajo presión inglesa, diese libertad a los esclavos creando así un terrible riesgo para los estados sureños».
En 1848, un neuyorkino, John L. O`Sullivan, director de la Democratic Review, autor de la frase, «destino manifiesto», presentó un plan para comprar a Cuba.
En 1848, en el Congreso de los Estados Unidos, en la discusión sobre el tema Cuba, el senador por Mississippi, Jefferson Davis, declaró: «la Isla tiene que ser nuestra». El senador por la Florida, Wesrcott, al afirmar estar de acuerdo con esa idea explicó: «Inglaterra pretende emancipar los esclavos de Cuba, y atacar la porción sureña de esta confederación a través de sus instituciones domésticas (…) ¿Están preparados los Estados sureños de esta Confederación a ver a los esclavos de Cuba emancipados mediante los esfuerzos de la Gran Bretaña? (…) Mi Estado no aceptará tal estado de cosas».
El 10 de mayo de 1848, el senador por Michigan, Lenis Cass, propuso la compra de Cuba.
Varios presidentes procuraron la compra de Cuba a los españoles: Polk, en 1848; Pierce, en 1853; Buchanan, en 1857.
Este Presidente Buchanan, desarrolló su campaña electoral a partir de 1854, con la compra de Cuba como principal argumento en su plataforma. En su Manifiesto de Ostende, quedó expresada su propuesta de la manera siguiente: ...«Los Estados Unidos deben comprar a Cuba por su proximidad a nuestras costas», porque pertenecía naturalmente a ese grupo de Estados de los cuales la Unión era la providencial casa de maternidad, «y porque la Unión no podría nunca gozar de reposo hasta que Cuba estuviese dentro de sus fronteras».
El 8 de julio de 1848, el prominente sureño A. J. Donelson, en carta enviada a Calhoun, afirmaba: «Toda nuestra fuerza debería ser reservada para Cuba, la que nos pertenece por naturaleza y se nos está haciendo más y más necesaria para que los poseedores de propiedad esclava en Estados Unidos pueda conservar ésta».
El 17 de julio de 1848, el secretario de Estado, Buchanan, otorgó plenos poderes al ministro norteamericano en Madrid, Romulus M. Saunders, para negociar la compra de Cuba por una cantidad que podía llegar hasta $ 100 millones.
El 20 de octubre de 1848, el periódico Herald, de New York, publicó una carta de su Corresponsal en Madrid en la que se informaba que se estaban efectuando negociaciones para traspasar Cuba a Estados Unidos.
Después del fracaso de la misión del ministro norteamericano en Madrid, Romulus M. Saunders, para que España accediera vender a Cuba a Estados Unidos (1848) el secretario de Estado, Buchanan, escribió: «tenemos que poseer a Cuba, no podemos arreglárnosla sin ella, y sobre todo, no debemos sufrir su traspaso a la Gran Bretaña. La adquiriremos mediante un golpe de Estado en algún momento propicio, que dada la situación actual de Europa, quizás no esté muy lejos (…) Cuba ya es nuestra: lo siento en la punta de mis dedos».
En 1849, el presidente Zacarías Taylor lanzó una proclama calificando a los combatientes de Narciso López en Estados Unidos de esta manera: «Una empresa que tiene por objeto invadir los territorios de un nación amiga, (España) iniciada y preparada dentro de los límites de los Estados Unidos, es una cosa de alto grado criminal, pues pone en peligro la paz del país y compromete el honor nacional. E invita a todos los norteamericanos para que se separen del antedicho proyecto y lo reprueben e impidan por todos los medios que sean lícitos».
El senador Pierre Soulé, durante el debate en el Congreso sobre el Compromiso de 1850, propugnó la anexión de Cuba; en el sur, simbolizaba el espíritu de la joven América, movimiento cuya principal finalidad era la anexión de Cuba a Estados Unidos. Soulé argüía que, puesto que era imposible comprarle Cuba a España, se hacía necesario su anexión por medio de la conquista, aunque esto implicara una guerra con España.
El Bulletin, de Nueva Orleans, predecía, el 20 de mayo de 1850, que tan pronto como los filibusteros (dirigidos por Narciso López) penetraran en Cuba, se les juntarían otros miles procedentes de Estados Unidos, y «después de una independencia nominal, Cuba sería anexada a la Unión». López había escrito proclamas y discursos para que se publicaran en varios periódicos de Nueva Orleans después de su partida, en una de ella decía: «y la estrella de Cuba, hoy opaca y aprisionada entre las nieblas del despotismo se alzará bella y fulgente, por ventura, para ser admitida con gloria en la espléndida constelación norteamericana, a donde la encaminará su destino».
En 1851, al continuar Narciso López, en compañía de cubanos y norteamericanos, sus trabajos para organizar una nueva expedición a Cuba, de nuevo se interpuso en su camino el Estado norteamericano, representado por el presidente Millard Fillmore y su secretario de Estado interino W.S. Derrick, quienes lanzaron una proclama de fecha 25 de abril en la que califican esas labores revolucionarias de «criminales y hostiles preparaciones contra una potencia amiga» (…) «de reprobados planes en los que comete un odioso abuso de hospitalidad que se ha dado correspondiendo con su flagrante ingratitud» (…) «estas expediciones no pueden considerarse de otro modo que como aventuras de latrocinios y saqueos, y tienen que merecer la reprobación del mundo civilizado, siendo además actos contrarios al derecho de gentes y a nuestros propias leyes que expresamente los prohíben».
En el verano de 1851, Henry Clay, líder del Partido Centralista, antecesor del Republicano, visitó La Habana, siendo recibido por el capitán general Concha. Después de formular comentarios elogiosos sobre el gobierno de Cuba, declaró que los intereses económicos y estratégicos de los Estados Unidos exigirían algún día la adquisición de Cuba, pero sólo mediante un hermoso tratado con España.
En 1852, el senador, Judah P. Benjamín, hizo declaraciones públicas en las que manifestaba que «si España se negaba a dar plena satisfacción, (se refería a que el capitán general, Valentín Cañedo, no había permitido que William Smith, sobrecargo del vapor Crescent City, desembarcara en La Habana) los americanos tenían entonces «derecho a apelar al Dios de las batallas y anexarse a Cuba».
La negativa de España de vender a Cuba a Estados Unidos aceleró el movimiento en pro de la anexión. El planteamiento de la anexión en 1852, empezó en esa época, con la doctrina del «Águila Extendida» y del «Destino Manifiesto». Los anexionistas sostenían que a una nación joven y vigorosa como Estados Unidos no podían fijárseles límites para su expansión. «Hay vigor y poderío en esta sanguínea raza angloamericana clamaba el Creole de Nueva Orleans -. Está destinada a extenderse por el mundo con la enorme fuerza de un huracán. La raza hispanoamericana se echará atrás y desaparecerá ante nuestra marcha victoriosa. El inferior tiene que ceder al superior: tal es la irrevocable ley de Dios».
En 1852, el magistrado norteamericano, J.C. Laure, de LouIsiana, afirmaba: «La providencia ha forjado un destino para este país. No habrá de haber más que un solo idioma, y leyes e instituciones homogéneas, desde las regiones heladas hasta el Istmo. Cuba, por decreto de la providencia, pertenece a los Estados Unidos y tiene que ser americanizada».
El periódico El Delta, de Nueva Orleans, publicaba en 1852, refiriéndose al proceso de americanización de Cuba: «Su lenguaje (el de los cubanos) será lo primero en desaparecer, porque el idioma latino bastardo de su nación no podrá resistir apenas por tiempo alguno el poder competitivo del robusto y vigoroso inglés (…) Su sentimentalismo político y sus tendencias anarquistas seguirán rápidamente al leguaje y de modo gradual, la absorción del pueblo llegará a ser completa debiéndose todo al inevitable dominio de la mente americana sobre una raza inferior».
El 29 de abril de 1853, la Junta Cubana de New York pidió al general John A. Quitman que encabezara una invasión a Cuba, lo cual éste aceptó.
El 10 de noviembre de 1853, el Cónsul norte-americano en La Habana, le escribió una carta al general Quitman, su íntimo amigo, diciéndole que estaba de acuerdo en que «un gobierno independiente (en Cuba) a la manera de Texas» sería aconsejable al principio; después, Cuba sería anexada a la Unión de la manera que «las circunstancias señalen».
El periódico El Enquirer, de Richmond, en editorial del 17 de marzo de 1854, titulado «Cuba y Esclavitud», decía: (…) «Consideramos la adquisición de Cuba como esencial para la estabilidad del sistema de la esclavitud y del justo ascendiente del Sur. (…) Si queremos devolver al Sur su posición adecuada en la Confederación y los medios de proteger sus derechos constitucionales, tenemos que reforzar el poder de la esclavitud como elemento de dominio político. Y esto sólo puede hacerse con la anexión en Cuba».
En junio de 1854, Alexander Walter, del Delta de Nueva Orleans, escribió a un miembro del gobierno de Pierce lo siguiente:
«Primero ha de entender usted que la causa de Cuba domina ahora a todas las demás en esta región. Toda esta parte de la Unión se ha hecho filibustera. Cuba tiene que ser tomada, y pronto, pero aquí el sentimiento pro Cuba se manifiesta como tendencia decidida a efectuar una expedición, considerando ésa como el único medio de obtener a Cuba en condiciones que la hagan valiosa para el Sur y hacerla pasar por el proceso, por el cual entró Texas en la Unión como Estado, como igual entre sus iguales».
En un titular titulado «Nebraska y Cuba», el Daily Picayune de Nueva Orleans, en junio 9 de 1854 declaraba francamente que Kansas y Nebraska no eran en sí importante para el sur: «La medida en que se pondrá a prueba el principio de lo que Nebraska representa es la adquisición de Cuba».
En julio de 1854, se publicó en la De Bow´s Review, el siguiente comentario: No es demasiado decir, que si nos apoderamos de Cuba, entraremos en posesión del destino del más rico y más vasto comercio que jamás deslumbró a la codicia del hombre. Y con ese comercio, tendremos en nuestras manos el poder del mundo».
El subsecretario de Estado, Dudley Mann, escribió en agosto de 1854 a William Learned Marcy, secretario de Estado. «La considero (la compra de Cuba) casi tan segura como si ya estuviese realizada».
El 2 de octubre de 1854, el subsecretario de Estado Dudley Mann, en carta dirigida a Marcy, secretario de Estado, le decía: «Cuando me reúna con usted, quiero saludarlo con esta exclamación: ¡Cuba es nuestra, o como si lo fuera!».
En noviembre de 1854, la Bow´s Review, la principal revista mensual expansionista, publicó un artículo de Samuel R. Walter titulado «Cuba y el Sur», en el que se decía: «Para obtener a Cuba, tenemos que conseguirla por otro camino: y el camino está abierto. Que el gobierno de Estados Unidos se eche a un lado; Cuba se libertará en breve tiempo, y Estados Unidos podría adquirir la isla como adquiriremos a Texas».
Al asumir el ex senador August Caesar Dodge, de Iowa, en 1855, el cargo de representante del gobierno norteamericano en España, recibió las instrucciones siguientes: «El Presidente considera la incorporación de Cuba a la Unión Americana como esencial al bienestar así de los Estados Unidos como de Cuba; como uno de aquellos acontecimientos inevitables cuya ocurrencia es meramente cuestión de tiempo».
En agosto de 1855, en un discurso pronunciado en Nueva Orleans, el famoso John A. Quitman afirmó: «Tan sólo el sentimiento antiesclavista en el Congreso (…) impide la anexión de Cuba».
El 6 de diciembre de 1858, el presidente Buchanan, en su mensaje anual empezaba diciendo que la anexión de Cuba sería una victoria de las fuerzas de {la luz y la civilización}. (…) Por lo tanto, Estados Unidos debía comprar la isla. Y como quiera que el éxito de las negociaciones podía depender de {dar un adelanto (en el pago) al gobierno español inmediatamente después de la firma del tratado sin esperar por la ratificación del Senado}, Buchanan sugería que el Congreso le concediera una {amplia asignación} a ese objeto.
El 5 de enero de 1859, John Slidell, de Louisiana, veterano de las campañas anexionistas, presentó en el Senado un proyecto de Ley por el que se otorgaba al Presidente un crédito (para comprar a Cuba); el proyecto fue enviado al Comité de Relaciones Exteriores, el cual, dos semanas después, lo devolvió, con sus recomendaciones: citaba algunos documentos para demostrar que la adquisición de Cuba había sido considerada desde largo tiempo atrás por el gobierno de los Estados Unidos; Jefferson, John Quincy Adams y en realidad casi todos los presidentes, desde 1830 en adelante, habían sido partidarios de ella.
«La final adquisición de Cuba declaraba el Comité- puede considerarse como propósito fijo resultante de las necesidades políticas y geográficas que han sido reconocidas por todos los partidos y todos los gobiernos, y con respecto a la cual la voz popular se ha expresado con una unanimidad no sobrepasada en ninguna otra cuestión de política nacional que hasta aquí haya ocupado la atención pública. La compra, y anexión de la LouIsiana llevó, como corolario necesario, a la de la Florida, y ambas apuntan, con infalible certidumbre, a la adquisición de Cuba».
En 1859, refiriéndose al crédito que debía otorgar el Congreso norteamericano para comprar a Cuba, Robert B. Letcher, ex gobernador de Kentucky y ministro de Estado Unidos en México, escribió airadamente que ese fondo estaba destinado «a sobornar españoles traidores que ayudaran a comprar a Cuba (…) Si nos proponemos arrebatar a Cuba a España, debiéramos tener tanta sagacidad como la que tiene un ladrón corriente, que consiste en realizar su labor con habilidad y con seguridad».
Ante la perspectiva de que la anexión de Cuba a los Estados Unidos representara el cese del tráfico ilegal de esclavos y la emancipación de los que habían en la isla, Miles Taylor, congresista de Louisiana, presentó, en 1859, un proyecto de ley que garantizaba la permanencia de la esclavitud en Cuba después que ésta fuese comprada. Con la seguridad de la compra de Cuba, la mayoría de los periódicos expansionistas sureños apoyaron la «Ley de los Treinta Millones» (para la compra de Cuba). «Cuba si efectivamente viene a nosotros, será como unidad esclavista», decía regocijadamente el Mercury de Charleston el 28 de febrero de 1860.
El presidente Buchanan, en su persistente obsesión de apoderarse de Cuba, envió a William Poreston a Madrid con plenos poderes para negociar la compra de la isla. El nuevo ministro informó muy pronto que, aunque España se negaba a tratar del asunto, estaba seguro de que, con treinta millones a su disposición para soborno, junto con la presión de los tenedores de bonos, podía efectuar el trato. Esta seguridad así reiterada era lo único que Buchanan necesitaba para realizar un nuevo intento de obtener fondos: en su tercer mensaje anual al Congreso, fechado en 19 de diciembre de 1859, el presidente instaba de nuevo a que se aprobara la «Ley de los Treinta Millones», cuya necesidad, decía, seguía siendo «invariable». «Por lo tanto, solicito la profunda atención del Congreso a este importante asunto. Si el Congreso no reconoce la necesidad de esta medida, será casi imposible entablar negociaciones con alguna razonable perspectiva de éxito».
En la campaña presidencial de 1860, las dos ramas en que se había dividido el Partido Demócrata propugnaban la adquisición de Cuba. El senador Stephen A. Douglas, que encabezaba una de las dos boletas de los demócratas, había propugnado, en su famoso debate con Lincoln, que: «Cuando nos apoderemos de Cuba, debemos tomarla como la hallemos, dejando que el pueblo decida por sí mismo la cuestión de la esclavitud sin injerencia por parte del gobierno Federal ni de cualquier otro Estado de la Unión».
Una vez que el sur hubiese establecido su Confederación declaró Jefferson Davis, en la Convención del Partido Demócrata celebrada en Mississippi en julio de 1860-, adquiriría a Cuba; pero la confederación no entraría en regateos con España: sencillamente, avanzaría y conquistaría la isla.
El 9 de abril de 1869, el secretario de Estado Hamilton Fish, señalaba en una reunión del gabinete, que la política más sensata a seguir por los Estados Unidos consistía en permitir «que la locura y la fatuidad de la dominación española en Cuba continuasen hasta el día en que todas las naciones civilizadas lleguen a considerar el dominio español como una calamidad internacional que es preciso suprimir, y entonces todas se alegren de que nosotros intervengamos y regulemos el gobierno de la isla» (…) «Únicamente los Estados Unidos podrían gozar del privilegio de intervenir y ejercer dominio sobre Cuba».
A pesar de que el 9 de abril de 1869, el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes aprobó por votación de 98 a 25 una resolución que proclamaba que los Estados Unidos simpatizaba con el pueblo de Cuba «en su patriótico esfuerzo por lograr su independencia y establecer una forma republicana de gobierno», el secretario de Estado, Fish, se negó a recibir al representante del Gobierno Revolucionario, José Morales Lemus, con ese carácter, y se cuidó de recordarle que «no debe dirigirse a mí oficialmente», puesto que esto podía interpretarse como reconocimiento de los revolucionarios cubanos. Le dijo a Lemus que «nosotros nos proponemos proceder de completa buena fe con España, y cualesquiera que pudieran ser nuestras simpatías por un pueblo que, en cualquier parte del mundo luche por gozar de un gobierno más liberal, no deberíamos apartarnos de nuestro deber para con otros gobiernos amigos, ni apresurarnos a reconocer prematuramente un movimiento revolucionario antes de que se haya manifestado capacidad de sostenerse por sí mismo y un cierto grado de estabilidad». Diez años duró la guerra, de esta primera etapa de lucha de los revolucionarios cubanos y nunca fue reconocida su beligerancia por los Estados Unidos.
El 4 de septiembre de 1869, Fish escribió a George Bancroft: «Hay en toda la extensión del país una presión muy fuerte por el reconocimiento de la beligerancia a favor de los cubanos. Pero hasta ahora el gobierno la ha resistido».
A fines de 1869, el Presidente norteamericano, Ulises Grant, planteó que no se reconocería la beligerancia cubana y autorizó la venta de cañoneras a España.
Esta posición fue criticada por Carlos Manuel de Céspedes, en carta al Presidente Grant: ... «Si por exigencias de humanidad y civilización todas las naciones están obligadas a interesarse por Cuba, pidiendo la regularización de la guerra que sostiene contra España, los Estados Unidos tienen el deber que le imponen los principios políticos que profesan, proclaman y difunden».
Céspedes no necesitó mucho tiempo para convencerse de que nada tenían que esperar los revolucionarios cubanos del Gobierno de los Estados Unidos, por ello, en carta a José M. Mestre, planteó: ...«Por lo que respecta a los Estados Unidos, tal vez esté equivocado, pero en mi concepto su Gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación».
El 7 de enero de 1870, el Herald de Nueva York, por indicación de Fish al periodista F. B. Connery, afirmaba que la revolución cubana estaba prácticamente muerta, y que, por tanto, el movimiento en pro del reconocimiento de la beligerancia de los rebeldes cubanos no era más que una pérdida de tiempo y de energía. En ese momento Fish estaba en posesión de un despacho del cónsul Phillips, escrito en Santiago el 3 de enero de 1870, en el que se declaraba lo siguiente:
«La insurrección continúa con plena fuerza y se efectúan numerosos encuentros, como puede comprobarse por la frecuente llegada de los soldados españoles heridos. Como quiera que los cubanos están ahora mejor armados y organizados que antes en muchos casos toman la ofensiva, y habiéndose aumentado sus filas con los que desertan del ejército español, ha crecido también su audacia, y pelean con mucho brío (…) Me inclino a creer (…) que la insurrección continuará por largo tiempo».
El 14 de junio de 1870, el Congreso recibió el mensaje especial que enviara el presidente Grant. Este indicaba que nada había sucedido, después del envío de su mensaje anual en diciembre del año anterior, que justificara el reconocimiento de la beligerancia de los cubanos (…) «La guerra seguía siendo librada con lamentable falta de consideración por la vida humana y por las reglas y prácticas que la civilización moderna prescribe (…) cada (parte) comete las mismas atrocidades y ultrajes a las reglas establecidas de la guerra. (…) No había en Cuba un gobierno de facto lo suficientemente vigoroso como para justificar una declaración de beligerancia».
El gobierno norteamericano ignoraba a ex profeso que desde hacía un año los cubanos habían celebrado su primera Asamblea Legislativa en la cual habían aprobado la constitución y elegido al gobierno de la República en Armas.
En octubre de 1871, el mismo Presidente Grant dictó una proclama en la que calificaba a las personas que trabajaban por la independencia de Cuba, textualmente, como «delincuentes».
El 12 de octubre de 1871, el presidente Grant lanzó otra proclama en la que fue más allá contra los cubanos revolucionarios de lo que habían realizado anteriormente en perjuicio de la causa independentista cubana, los presidentes Taylor y Fillmore. En los tres «por cuanto» de que consta el documento se condena dura y abiertamente la actitud de cuantas personas «inclinadas al mal» hayan sometido o preparado empresas o expediciones militares contra territorio o dominios pertenecientes a potencias con quienes los Estados Unidos están en paz, ya sean nacionales o extranjeros los infractores de las leyes de neutralidad» (…) y en el único «por tanto», Grant, como presidente de los Estados Unidos expresa: «Declaro y proclamo, por la presente, que todas las personas que de aquí en adelante sean halladas en los Estados Unidos de América infringiendo las leyes de los mismos, en alguna de las maneras explicadas, u otras análogas, en desprecio de la soberanía de la nación por cuyo motivo están sujetas a recibir castigo, serán perseguidas con todo rigor, sin que les sea posible esperar clemencia de parte del Ejecutivo para salvarse de las consecuencias de su delito, caso de ser sentenciados».
José Martí, en 1884, escribió sobre James G. Blaine, secretario de Estado, lo siguiente: «cree que no es desvergüenza usar la fuerza cuando se la posee, y ahora es la ocasión de que los Estados Unidos asienten la mano y la claven por todos los lugares de la tierra a donde les llegue la mano poderosa». Más adelante afirmaba que Blaine era el «mercadeable que a semejanza de sí propio, - en el mercado de hombres compra y vende », «que no hablaba de poner orden en su casa, sino de entrarse por las ajenas, a buscar, so pretexto de tratados de comercio y paz, los caudales (de otras naciones) de que los errores económicos del Partido Republicano ha comenzado a privar a la Nación (norteamericana)».
El periódico Atlanta Constitución, publicaba el 30 de noviembre de 1888 lo siguiente: «Hay en Cuba vastas minas que hoy yacen ociosas por falta de capacidad, y si la isla fuese anexada a los Estados Unidos, ese campo de producción se desarrollaría plenamente».
El senador Randall Gibson, afirmaba en 1889, «no está lejano el día en que el dominio de los Estados Unidos se extenderá… a todas las regiones del continente americano. América Inglesa, México, Cuba, Centroamérica y las islas cercanas a nuestras costas».
En 1889, José Martí escribía: «Y lo que se ve es que va cambiando en lo real la esencia del gobierno americano, y que, bajo los nombres viejos de republicanos y demócratas, sin más novedad que los accidentes de lugar y carácter, la República se hace cesárea e invasora, y sus métodos de gobierno vuelven, con espíritu de clase de las monarquías, a las formas monárquicas».
En su edición de mayo 16 de 1889, el periódico norteamericano «The Manufacturer», publicó un artículo, respondido por José Martí, en el que se decía: «Hay mucho que decir en favor de nuestra adquisición de la Isla»... «La nación que la posea, tendrá el señorío exclusivo de los canales interoceánicos»,.. «Adueñarnos de la Isla, sería extender los límites de nuestra producción, de la subtropical a todo el trópico».
Con el objetivo de impedir la unidad latinoamericana como la soñara Simón Bolívar, los Estados Unidos, convocaron la Primera Conferencia Panamericana, que se celebró en Washington desde octubre de 1889, hasta abril de 1890. Sus objetivos fueron expresados en un articulo publicado por el Tribune of New York, en el cual se afirmaba: ...«Los americanos están obligados a reconquistar su supremacía... y a ejercer una influencia directa y general en los asuntos del continente americano».
Esta doctrina «panamericanista», fiel expresión de una política injerencista y de extraterritorialidad, fue criticada duramente por José Martí, quien siendo Cónsul de Uruguay, habló en nombre de éste, de los cubanos y de toda América Latina y con claridad meridiana planteó: «Jamás hubo en América de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder»... «De la tiranía de España supo salvarse la América española: y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia».
El 14 de diciembre de 1889, José Martí, en carta a Gonzalo de Quesada le expresó: ...«Sobre nuestra tierra Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos y es el inicio de forzar a la isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervención en ella y con el crédito de mediador y garantizador, quedarse con ella».
«Cuba declaraba el periódico Free Press de Detroit, en su número de 16 de mayo de 1891-, podría convertirse en uno de los mejores estados de la Unión, y si la riqueza, el espíritu emprendedor y el genio para la iniciativa que distinguen a los americanos invadiesen aquella isla magnífica, convertiríase Cuba en una verdadera colmena de la industria, además de ser uno de los más fértiles jardines y huertos del mundo. Crece en la isla un fuerte partido que apoya la reciprocidad y la anexión a los Estados Unidos. Deberíamos actuar inmediatamente para hacer ésta posible».
En un artículo titulado «Por qué necesitamos a Cuba» y publicado en el Forum Magazine de julio de 1891, el general Thomas Jordan pedía «la incorporación política» de Cuba a los Estados Unidos para fortalecer al sistema militar de nuestro país y abrirle un mercado a su exceso de producción y de capital. «Todas las consideraciones decía- nos instan a esta adquisición, sin tomar en cuenta la opinión del antagonismo de Europa».
En noviembre de 1891, el Munsey Magazine vigorosamente incitaba a «la extinción de la soberanía de España sobre Cuba mediante un reembolso financiero razonable». (…) «puede declararse como casi cierto que antes de mucho Cuba sería nuestra».
En 1895, el América Magazine of Civics, abría en sus páginas una encuesta sobre la anexión: «¿Debiéramos anexarnos Cuba?», era la pregunta de la encuesta. Algunas de las respuestas fueron muy elocuentes. «Se me hace la boca agua cuando imagino a Cuba como uno de los estados de nuestra familia», escribía Frederick R. Condert, prominente figura de Wall Street. Otro vocero de Wall Street decía: «Canadá vendrá a su tiempo, México seguirá a Texas y California, y ocupará su sitio bajo las barras y las estrellas cuando nosotros estemos listos para recibirlos. Pero a Cuba la queremos ahora».
A principios de 1895, José Martí le escribía a su amigo Gonzalo de Quesada: «Tenemos que actuar» (…) «Cuba tiene que ser libre de España y de los Estados Unidos». En mayo de ese mismo año, después de haberse reiniciado la guerra por la independencia, Martí explicaba por qué había sido necesario actuar: «La guerra de Cuba (…) escribió- ha venido a su hora en América para evitar (…) la anexión de Cuba a los Estados Unidos».
El 14 de enero de 1895, las autoridades norteamericanas confiscaron las armas que, compradas centavo a centavo por la emigración cubana, José Martí enviaría a Cuba en la expedición de Fernandina. Fueron confiscados también los armamentos, que debían llevar tres embarcaciones, «Amadís», «Lagonda»» y el «Baracoa», con lo cual el Gobierno de Estados Unidos, una vez más, se aliaba a España para impedir la independencia de Cuba.
El 18 de mayo de 1895, poco antes de caer en combate, José Martí, en carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, escribía: «ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber, puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América, cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso ….viví en el monstruo, y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David».
El 24 de diciembre de 1897, en carta que enviara J. C. Brenckenridge, subsecretario del Departamento de Guerra, al Teniente General, N. A. Miles, bajo cuya dirección estaban las operaciones militares en Cuba, se dice: «Querido señor: Esta secretaria, de acuerdo con la de Negocios Extranjeros y de la Marina, se cree obligada a completar las instrucciones que sobre la parte de la organización militar de la próxima campaña en las Antillas le tiene dadas», ...«Claro está que la anexión inmediata a nuestra federación de elementos tan perturbadores y en tan gran número, sería una locura, y antes de plantearla debemos sanear ese país, aunque sea aplicando el medio que la Divina Providencia aplicó a Sodoma y Gomorra».
«Habrá que destruir cuanto alcancen nuestros cañones, con el hierro y con el fuego; habrá que extremar el bloqueo para que el hambre y la peste, su constante compañera, diezmen su población pacifica, y mermen su ejército; y el ejército aliado habrá de emplearse constantemente en exploraciones y vanguardias, para que sufran indeclinadamente el peso de la guerra entre dos fuegos, y a ellos se encomendarán precisamente todas las empresas peligrosas y desesperadas».
«Resumiendo: nuestra política se concreta a apoyar siempre al débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas».
El 18 de abril de 1898, el Congreso norteamericano, sin consultar a las legítimas autoridades civiles y militares que representaban al pueblo de Cuba en armas, autorizó la intervención armada de los Estados Unidos en la Guerra Hispano Cubana.
El 17 de julio de 1898, las tropas norteamericanas, al mando del General Shafter, penetraron en la ciudad de Santiago de Cuba, ocupándola. En la Casa de Gobierno izaron la bandera norteamericana, no se izó la bandera cubana, no se permitió al General Calixto García, al frente de los heroicos soldados cubanos entrar a la Ciudad. Esta nueva injerencia norteamericana fue rechazada dignamente por el General Mambí. En carta que el General Calixto García enviara al General norteamericano le decía: «Sé que Ud. ha dejado constituidas, en Santiago, a las mismas autoridades españolas contra las cuales he luchado tres años como enemigo de la independencia de Cuba»... «son las mismas que tanto la Reina de España como sus ministros habían nombrado para defender la soberanía española contra los cubanos».
El 10 de diciembre de 1898 se firma el Tratado de Paz entre España y los Estados Unidos, en el cual España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba para ser entregada al Gobierno norteamericano y para que sea ocupada por sus tropas. Los dos países se pusieron de acuerdo para que los representantes del pueblo cubano, que había luchado heroicamente durante 30 años, no participaran en la firma del tratado, ni se les concediera participación alguna en el Gobierno de la Isla una vez retiradas las tropas españolas.
El día primero de enero de 1899, el General John R. Brooke tomó posesión del Gobierno de la Isla de Cuba en nombre de los Estados Unidos. La ocupación militar duró cuatro años.
En los primeros días del año 1899, el senador Morgan, se reunió con una Comisión de la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana, presidida por el general Calixto García, a quienes les presentó un documento redactado por él en el que afirmaba, entre otras cuestiones: «El Congreso expresamente rehusó reconocer la existencia de gobierno alguno en Cuba, excepto el de la monarquía española. Esta repulsa incluye la República cubana y el gobierno autonomista», (…) «El Congreso rehusó hacer efectivas las resoluciones del Senado que declaraban los derechos de los beligerantes de la República de Cuba, dejando así a los sostenedores de ésta en la actitud de insurrectos rebeldes a la autoridad de la corona. Esta es la situación actual y legal cuando comenzó la guerra y cuando terminó».
En su mensaje al Congreso de 5 de diciembre de 1899, el presidente McKinley declaró: «Esta nación ha contraído ante el mundo entero una grave responsabilidad relacionada con el futuro buen gobierno de Cuba. Hemos aceptado un deber sagrado, cuyo cumplimiento exige la más severa honradez de fines y el ejercicio del grado más alto de sabiduría. La nueva Cuba, que no ha de surgir de las cenizas del pasado tiene que estar necesariamente ligada a nosotros por vínculos de especial intimidad y fuerza, si es que ha de asegurar su perdurable bienestar. Si esos vínculos han de ser orgánicos o convencionales, lo cierto es que los futuros destinos de Cuba, en cierta forma y manera legítimas, están irrevocablemente unidos a los nuestros».
El 25 de julio de 1900, se publicó en la Gaceta Oficial la Orden Número 301, del Gobernador Militar de la Isla, la «Convocatoria y Organización de la Convención Constituyente de Cuba».
En esta Orden, «se ordena una elección general en la Isla de Cuba para elegir Delegados a la Convención, al redactar la Constitución, y como parte de ella proveer y acordar con el Gobierno de los Estados Unidos en lo que respecta a las relaciones que habrán de existir entre aquel Gobierno y el Gobierno de Cuba». Este claro propósito injerencista y anexionista fue rechazado por los delegados de la Convención Constituyente.
El 21 de febrero de 1901, fue aprobada la Constitución de la República de Cuba.
Durante el debate iniciado el 26 de febrero de 1901 en el Senado de los Estados Unidos sobre la enmienda presentada por el Senador O.H. Platt a la ley de presupuesto del ejército para el año fiscal que debía terminar el 30 de junio de 1902, el senador Pettigrew al hablar en la discusión del artículo referente a la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud) se opuso al mismo con las palabras siguientes: «yo espero que no se adopte esa enmienda (la enmienda Platt). Me parece que este es el ejemplo más obvio de la codicia anglosajona respecto a tierras, que jamás se ha presentado en un cuerpo legislador. Pinos es un banco de arena, inhabitado, completamente sin valor, sin una sola bahía, y aunque ha sido hasta aquí parte de Cuba, bajo el gobierno de Cuba, gobernada desde Cuba, lo mismo que las demás islas a lo largo de su costa, nosotros presentamos una proposición para obtener derecho a este inútil banco de arena, simplemente para ejemplo de la codicia que nos inspira hasta lo que no merece ser codiciado, nada más porque es un pedazo de superficie terrestre».
El 12 de junio del propio año los Estados Unidos obligaron a los delegados de la Convención, con la amenaza de que de no hacerlo no se marcharían del país, a incorporar como apéndice de nuestra Constitución la Enmienda Platt, por 16 votos a favor y 11 en contra, que había sido adoptada por el Congreso Norteamericano dentro de la Ley sobre Créditos del Ejército. Sin dudas esta enmienda es el referente principal de la Ley Helms-Burton.
El propio Gobernador Militar, General Wood, una vez aprobada la Enmienda Platt declaró «a Cuba se le había dejado muy poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt, y lo único indicado ahora es buscar una anexión».
En las primeras elecciones para Presidente celebradas en Cuba, el 31 de diciembre de 1901, el Gobierno norteamericano, mediante su Gobernador Militar, intervino descarada y abiertamente para manipularlas a favor de su candidato Estrada Palma, no permitiendo que los representantes del candidato opositor, Bartolomé Masó, participaran en la Junta Central de Escrutinio, y presionando a los funcionarios gubernamentales para que secundaran y auxiliaran a Estrada Palma. Con lo que ampararon todos los fraudes que se cometieron en dichas elecciones.
A solo cuatro años del Primer Gobierno Republicano, en Cuba, el 29 de septiembre de 1906, el Comisionado yanqui, William H. Taft, asumía los destinos del país, en varias otras ocasiones usarían la Enmienda Platt para injerir en los asuntos internos de los cubanos.
En los años 20 el gobierno norteamericano designó un enviado personal del Presidente ante el Gobierno cubano, el señor Enoch H. Crowder, el que adoptó, a partir de marzo de 1922, el sistema de memorandum para trasmitir indicaciones al Presidente cubano de entonces, Alfredo Zayas; de estos citaremos solamente el No.3 y el No.8.
En el memorandum No.3, referido a enmiendas constitucionales el Sr. Crowder dice:... «En vista de lo que aquí queda dicho, tengo el honor de solicitar que las enmiendas específicas propuestas por la Comisión, se me faciliten en el tiempo oportuno, para que sean estudiadas y consideradas por mi Gobierno, y este pueda contestar por mediación mía a su Excelencia, exponiendo su opinión, según tenga por conveniente, antes de la aprobación de ninguna ley por el Congreso cubano a este respecto».
En el memorandum No.8, el enviado personal del Gobierno norteamericano le comunicaba al Presidente cubano: ...«se ve, por tanto, que los cargos de corrupción hechos al Gobierno de Cuba y que en gran parte han tenido origen en Cuba pero que han tenido amplia circulación en ambos países, han sido de un orden general y tan escandalosos que han llegado a minar el crédito de la nación y a constituir un baldón al honor de la República» ... «en vista de lo expuesto, mi Gobierno estima que hay que actuar con urgencia para rectificar la situación existente y esa actuación será: 1) La inmediata destitución de cargo a todo dignatario que se sepa viene haciendo gastos en exceso de las rentas que posee»... y continuaba el procónsul norteamericano dándole tres órdenes más al «independiente» Presidente cubano.
En 1933, en los momentos en que el gobierno cubano atravesaba una crisis que amenazaba con su sustitución y, por ello, había solicitado la intervención o mediación de los Estados Unidos, al discutirse el tema en el Congreso, el representante norteamericano por el Estado de Nueva York, y perteneciente al Partido Demócrata, Halminton Fish, declaró: «no recomiendo la intervención en este momento del proceso a menos que la situación de Cuba se haga rápidamente peor. Por el momento anticipo que una oferta de mediación por los Estados Unidos y una firme insistencia en la restauración de los derechos civiles y libertades del pueblo cubano, serán suficientes. Sino lo son, entonces, sí debemos intervenir, cumpliendo nuestras obligaciones a virtud del Tratado».
El 10 de marzo de 1952, a sólo 82 días de celebrarse las elecciones para la Presidencia del país, el aspirante a la misma por el Partido Acción Unitaria, Fulgencio Batista, dio un golpe de Estado que fue reconocido de inmediato por el gobierno de los Estados Unidos. Este dictador, máximo responsable de la muerte de más de 20 000 cubanos, contó con el apoyo político, económico y militar del gobierno norteamericano hasta el mismo día 31 de diciembre de 1958 en que huyó del país.
Un documento secreto norteamericano, des-clasificado en 1991, revela que el 23 de diciembre de 1958, en el curso de una reunión del Consejo de Seguridad Nacional con la presencia del presidente Dwight Eisenhower, en la que se discutió la situación en nuestro país, el entonces Director de la CIA, Allen Dulles, manifestó en términos categóricos: «Debemos impedir la victoria de Castro.»
1ro de enero de 1959. El primer acto de hostilidad de parte del Gobierno de Estados Unidos surge al ofrecer ese país hospitalidad y asilo político a los criminales de guerra que, en la madrugada de ese día, huyeron hacia ese país. Pese a las reiteradas demandas del Gobierno Revolucionario en solicitud de extradición como delincuentes comunes, nunca accedieron a un solo caso.
15 de enero de 1959. Se inició incitada por el Gobierno de Estados Unidos, una campaña de difamación contra la Revolución Cubana, con motivo de las sanciones impuestas por los tribunales revolucionarios a los criminales de guerra responsables de más de veinte mil asesinatos y de torturas y atropellos de todo orden.
17 de mayo de 1959. Inmediatamente después de promulgada este día la Ley de Reforma Agraria en Cuba, se producen declaraciones amenazadoras por parte de dirigentes yanquis, congresistas, órganos de prensa y otros en demanda de una acción eficaz, de la no prórroga de la ley azucarera, de reducción de la cuota azucarera y de medidas de represalias contra Cuba.
El bloqueo económico contra Cuba comenzó desde las primerras semanas del triunfo de la Revolución. Se agudizó en 1960 con el corte de la cuota azucarera de ese año, y continuó con varias leyes y proclamas presidenciales, se oficializó mediante Proclama Presidencial en 1962 y se hizo aún más estricto en 1963, al dictarse el reglamento para el Control de los Activos Cubanos.
En documentos desclasificados años después se conoce el Programa de Operaciones Encubiertas, aprobado por el Gobierno de Estados Unidos para derrocar al Gobierno Cubano, de 16 de marzo de 1960. En él se expone:

1. Objetivo: El propósito del programa que se esboza en el presente documento es lograr la sustitución del régimen de Castro por uno que se dedique más a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para los Estados Unidos, de manera que se evite una intervención estadounidense. En esencia, el método que se adoptará con vistas a la consecución de este objetivo será inducir y apoyar en lo posible la acción directa, tanto dentro como fuera de Cuba, por parte de grupos cubanos seleccionados, quienes, de acuerdo con lo previsto, pudieran actuar por iniciativa propia. Habida cuenta de que podría provocarse una crisis que, inevitablemente, implicará acciones drásticas en Cuba o hacia este país, debido a circunstancias ajenas a la voluntad de los Estados Unidos, antes de que el programa de acciones encubiertas haya cumplido su objetivo, no se escatimarán esfuerzos para llevarlo a cabo de manera tal que la capacidad de los Estados Unidos para actuar en una crisis aumente de manera progresiva.
La intención claramente genocida del bloqueo contra Cuba fue expuesta del modo más impúdico en un documento oficial suscrito por L.D. Mallory, un importante funcionario del Departamento de Estado, el 6 de abril de 1960. Después de reconocer que «la mayoría de los cubanos apoyan a Castro» y que «no existe una oposición política efectiva», exponía que «el único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas. (...) Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. (...) Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno». Roy Rubottom, Vicesecretario del Departamento de Estado para Asuntos Interamericanos, al margen del memorándum estampó esta lacónica respuesta: «Yes.»
En junio de 1960, el Gobierno de EE.UU. presionó a las firmas petroleras norteamericanas para que no vendieran petróleo a Cuba, y de esta forma paralizar el país. Las refinerías norteamericanas radicadas en Cuba se negaron además a refinar petróleo crudo adquirido por Cuba en la Unión Soviética.
En julio de 1960, el Presidente Eisenhower canceló 700 000 toneladas de azúcar que quedaban pendientes de la cuota azucarera cubana de ese año.
En octubre de 1960, el Presidente Eisenhower declaró un embargo comercial prohibiendo las exportaciones a Cuba, salvo alimentos no subsidiados y medicinas.
El 3 de enero de 196l, el Gobierno de los EE.UU. rompió relaciones diplomáticas con Cuba. En marzo del propio año fue cancelada la cuota azucarera de Cuba para todo ese año (cerca de 3 millones de toneladas).
16 de enero de 1961. El State Department anuncia que, en lo adelante, «los ciudadanos norteamericanos que deseen viajar a Cuba deben, hasta nuevo aviso, obtener pasaportes con autorización especial del Departamento de Estado para realizar este viaje.
25 de enero de 1961. Dean Rusk interviene activamente en Punta del Este y dice: «Debemos hacer ahora efectiva la decisión de excluir al régimen de Castro de toda participación en los órganos y cuerpos del sistema interamericano y ordenar al Consejo de la Organización que determine cómo dar mejor y más rápido cumplimiento a esta decisión (…) debemos interrumpir el limitado pero significativo flujo de comercio entre Cuba y el resto del hemisferio».
30 de enero de 1961. En su primer informe al Congreso, el presidente Kennedy dice que «su gobierno no tenía intención de reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba», y precisó además que «mantendrá el subsidio» a los contrarrevolucionarios cubanos «iniciado por la administración de Eisenhower».
2 de marzo de 1961. El Gobierno de Estados Unidos anuncia estar considerando la aplicación de la Ley de Comercio con el Enemigo en el caso de Cuba; según las disposiciones de esta ley, se estableció el embargo comercial total, tanto de las exportaciones como de las importaciones a Cuba o desde ella.
22 de marzo de 1961. Con la participación directa del State Department se constituye en Washington el titulado «Gobierno Provisional Cubano en el Exilio», cuya supuesta misión era, una vez asegurada una cabeza de playa en Cuba, como consecuencia del ataque a Playa Girón, trasladarse a la isla de Cuba, para obtener el reconocimiento como beligerante, el Gobierno de Estados Unidos y de todos aquellos que se prestaran a dicha maniobra. Los integrantes del citado gobierno fueron mantenidos incomunicados, bajo la custodia de agentes de la CIA, durante los días de la agresión, al propio tiempo que se emitieron despachos en su nombre y se preparaba su aterrizaje en Cuba.
Los bombardeos realizados el 15 de abril de 1961, a aeropuertos cubanos, fueron el preludio de la invasión mercenaria por Playa Girón organizada y financiada por el Gobierno norteamericano.
En abril de 1961, poco después de que el pueblo cubano derrotara la invasión mercenaria por Playa Girón, el presidente Kennedy se reunió con un grupo de personalidades: Eisenhower, Nixon, Edgard Hoover, Mac Arthur, Truman y Rockefeller, entro otros. El entonces senador Barry Goldwater, posteriormente candidato a la presidencia por el Partido Republicano, también presente, dijo: «los Estados Unidos no pueden permitir que un país comunista exista cerca de sus playas... Los Estados Unidos deberían recurrir a un bloqueo aéreo y naval. Si esto falla, debería recurrir a la Organización de Estados Americanos y si esto también falla, entonces tendremos que tomar la acción nosotros mismos. Esto significa intervención militar directa. Si todo lo demás falla, yo lo apoyaría».
El 18 de enero de 1962, el general Edward Lansdale somete a la consideración del Grupo Especial Ampliado, la primera versión del «Proyecto Cuba», un programa que contiene 32 tareas dentro la operación Mangosta, encaminado a provocar el derrocamiento del gobierno cubano.
El 2 de febrero de 1962, el Presidente Kennedy emitió la Proclama 3447, decretando el bloqueo económico total contra Cuba. Se autorizó al Secretario del Tesoro y al Secretario de Comercio a implementar las medidas del bloqueo. En marzo del propio año se tomó una medida adicional, disponiendo la prohibición de que cualquier producto elaborado en todo o en parte con productos de origen cubano entrara a EE.UU., aunque fuese fabricado en un tercer país.
El 20 de febrero de 1962, el general Edward Lansdale, propone la segunda versión del «Proyecto Cuba», mediante la ejecución de un programa de seis fases, que debía culminar en el mes de octubre con una sublevación popular apoyada militarmente por los Estados Unidos y con el derrocamiento del régimen cubano.
El 7 de marzo de 1962, la Junta de Jefes de Estado Mayor de los Estados Unidos afirmó en un documento secreto que «la determinación de que una sublevación interna con posibilidades de éxito es imposible dentro de los próximos 9 a 10 días, exige una decisión por parte de los Estados Unidos en el sentido de fabricar una «provocación» que justifique una acción militar norteamericana positiva.
El 9 de marzo de 1962, bajo el título de «Pretextos para justificar la Intervención Militar de los Estados Unidos en Cuba», la Oficina del Secretario de Defensa sometió a la consideración de la Junta de Jefes de Estado Mayor un paquete de medidas de hostigamiento que tenían por objetivo crear las condiciones para justificar la intervención militar en Cuba. Entre las medidas consideradas estaban las siguientes:
•*«Una serie de incidentes bien coordinados se planificarían para que ocurriesen en [la base naval de] Guantánamo o sus alrededores, a fin de crear una apariencia verosímil de que fueron realizados por fuerzas cubanas hostiles».
•*«Los Estados Unidos responderían con la ejecución de operaciones ofensivas destinadas a asegurar los suministros de agua y energía, destruyendo los emplazamientos de artillería y morteros que amenazan a la base. Comenzarían operaciones militares norteamericanas en gran escala».
•*«Un incidente tipo `Remember the Maine´ pudiera prepararse de diversas maneras».
•*«Pudiéramos hacer volar un barco norteamericano en la bahía de Guantánamo y culpar a Cuba».
•*«Pudiéramos hacer volar un barco no tripulado en algún punto de las aguas cubanas».
•*«Pudiéramos hacerlo de manera que ese incidente ocurra en las cercanías de La Habana o Santiago como un resultado espectacular de un ataque cubano por aire o por mar, o desde ambas direcciones».
•*«La presencia de aviones o embarcaciones cubanas que acudieran simplemente para investigar las intenciones del barco, pudiera constituir prueba suficientemente convincente de que el barco fue atacado».
•*«Los Estados Unidos pudieran dar seguimiento con una operación de rescate por aire o por mar bajo la cobertura de cazas norteamericanos a fin de `evacuar ´ a los restantes miembros de una tripulación no existente».
•* «Las listas de bajas en la prensa norteamericana pudieran causar una ola favorable de indignación nacional».
•*«Pudiéramos desarrollar una campaña terrorista cubano-comunista en el área de Miami, en otras ciudades de la Florida y en Washington. La campaña de terror podría estar encaminada contra los refugiados cubanos que buscan asilo en los Estados Unidos».
•* «Pudiéramos hundir una embarcación llena de cubanos en ruta hacia la Florida (real o simulada)».
•* «Pudiéramos promover intentos contra las vidas de los refugiados cubanos en los Estados Unidos, incluso hasta el punto de herir a algunos de ellos en casos que serían ampliamente divulgados».
•* «Hacer explotar unas cuantas bombas de plástico en lugares cuidadosamente escogidos, detener a algunos agentes cubanos y dar a la publicidad documentos preparados que fundamenten el comprometimiento cubano, también pudiera ayudar a proyectar la idea de un gobierno irresponsable».
•* «Pudiera simularse una expedición `desde territorio cubano y apoyada por Castro´ contra una nación caribeña vecina de Cuba».
•* «El uso de aviones tipo MiG tripulados por pilotos norteamericanos pudiera ofrecer causas adicionales de provocación».
•* «El hostigamiento de aeronaves civiles, los ataques contra barcos y la destrucción de aeronaves militares norteamericanas no tripuladas por aviones tipo MiG, pudieran ser acciones complementarias útiles».
•* «Un F-86 pintado adecuadamente pudiera convencer a los pasajeros de una aeronave civil que vieron un MiG cubano, especialmente si el piloto de la aeronave lo afirmara como un hecho».
•*«Intentos de secuestros de aeronaves civiles o embarcaciones pudieran hacerse aparentar como acciones que continúan siendo promovidas por el gobierno cubano».
•* «Es posible crear un incidente que demuestre de manera convincente que un avión cubano atacó y derribó a un avión civil arrendado que volaba de los Estados Unidos a Jamaica, Guatemala, Panamá o Venezuela».
•* «Los pasajeros pudieran ser un grupo de estudiantes universitarios o cualquier otro grupo de personas con intereses comunes como para arrendar un vuelo».
•* «Es posible fabricar un incidente en el que parezca que aviones MiG cubano-comunistas han derribado un avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos sobre aguas internacionales producto de un ataque no provocado».
Marzo 16 de 1962, el presidente Kennedy es informado sobre los lineamientos de la operación Mangosta, y los aprueba oficialmente.
Marzo 24 de 1962, el gobierno de los Estados Unidos inicia el bloqueo a Cuba contra todo embarque procedente de cualquier país que incluya productos de origen cubano.
Abril de 1962, William Harvey, jefe de la fuerza operativa W, responsabilizado dentro de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con el «Caso Cubano», y John Roselli, representante de la mafia, entrega en Miami a Antonio de Varona (Tony) un frasco con cápsulas venenosas, fabricadas especialmente para eliminar al presidente Fidel Castro.
Abril 4 de 1962, los Estados Unidos entrenan a ciudadanos norteamericanos y exiliados cubanos para agredir a Cuba, según comunicó el periódico The Chicago Daily News. Señala que tienen estructurada una brigada que cuenta con un campamento militar a cincuenta millas al sur de Miami.
Abril 20 de 1962, reporta el diario The New York Times, que el gobierno norteamericano ha puesto a disposición de los exiliados cubanos varias bases militares en La Florida y Puerto Rico, donde se preparan «destacamentos guerrilleros para actuar contra el régimen cubano».
Abril 21 de 1962, William Harvey, jefe de la fuerza operativa W, de la CIA, entrega al capo mafioso John Roselli, un segundo frasco con cápsulas de veneno (botulina sintética) para ser utilizadas en un atentado contra el presidente Fidel Castro.
Abril 25 de 1962, ratifica el senador norteamericano James Eastland en entrevista de prensa los nuevos planes agresivos de su gobierno contra Cuba, al revelar que diariamente se envían a un campamento cerca de Miami varias decenas de contrarre-volucionarios para recibir entrenamiento.
Abril 30 de 1962, el senador norteamericano Homer Capehart, del partido Republicano por el Estado de Indiana y miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, revela a la prensa que está a favor de la intervención militar en Cuba.
En mayo de 1962, se anuló unilateralmente por los EE.UU. la cláusula de «Nación más favorecida» a Cuba, violando los estatutos del GATT, del que ambos países eran signatarios. En septiembre del propio año el Gobierno norteamericano anunció que todos los barcos que realizaran comercio con Cuba, con independencia del país de registro, serían puestos en «lista negra» y prohibida su entrada en puertos norteamericanos, al propio tiempo que se prohibía la venta de productos agrícolas dentro del Programa Alimentos para la Paz a estos países.
Julio 29 de 1962, dirigidos por la CIA, Luis David Rodríguez, Ricardo Olmedo Moreno y Braulio Arosemena intentan asesinar al presidente Fidel Castro disparándole con un mortero en la Plaza de la Revolución.
Agosto 20 de 1962, Maxwell Taylor y el presidente del Grupo Especial Ampliado le informan al presidente Kennedy en un memorandum que no veían la posibilidad de que el gobierno de Fidel Castro fuera derrocado sin la intervención militar directa de los Estados Unidos. Taylor informa que el Grupo Especial Ampliado recomienda un programa Mangosta más agresivo. Kennedy ordena el desarrollo de planes agresivos que sacaran del poder al presidente Fidel Castro.
Agosto 30 de 1962, en respuesta a una decisión del presidente Kennedy de continuar un programa agresivo de acción encubierta para derrocar a Fidel Castro, la CIA comienza a esbozar una lista de sabotajes contra Cuba.
Septiembre 12 de 1962, revela el periódico New York Journal American que el gobierno de los Estados Unidos pretende utilizar a miembros de las legiones extranjeras francesa y española en los nuevos planes de agresión militar a Cuba, así como a grupos contrarrevolucionarios cubanos entrenados militarmente.
Octubre 1 de 1962, el secretario de Defensa, Robert Mac Namara, se reúne con el Jefe de la Junta de Jefes de Estados Mayores durante un briefing sobre las últimas informaciones de inteligencia relacionada con Cuba y discutir el plan de contingencia cubano intensificado. Después de la reunión le es ordenado por Mac Namara al almirante Robert Denninson, comandante en Jefe del Comando del Atlántico, que «se prepare para instruir un bloqueo contra Cuba». Los comandantes en Jefes de la Armada y la Fuerza Aérea del Comando del Atlántico disponen el equipamiento y las armas que necesitarán para efectuar el plan de golpe aéreo.
Octubre 6 de 1962, el vicepresidente Lyndon Johnson establece públicamente que la imposición del bloqueo por los Estados Unidos a Cuba, constituiría un «acto de guerra».
Octubre 26 de 1962, el presidente de los Estados Unidos, John Kennedy, dispone el bloqueo naval contra Cuba y demanda la retirada, por parte de la Unión Soviética, de los cohetes y las armas estratégicas situadas en territorio cubano.
n En julio de 1963, se aprobó el Reglamento para el control de los Activos Cubanos que prohibía todas las transacciones relacionadas con Cuba, afectando las operaciones monetario- financieras y congelando todos los valores que poseyeran un nacional o el Estado Cubano en EE UU y se prohibía a los ciudadanos de EE.UU. viajar a la isla.
El 20 de abril de 1964, el presidente Lindon B. Johnson, en sus primeras declaraciones contra la Isla dijo: «Nuestra primera tarea debe ser aislar a Cuba del Sistema Interamericano.
En mayo de 1964, el Departamento de Comercio de los EE.UU. implantó oficialmente la restricción total de embarques de alimentos y medicinas a Cuba, aunque en la práctica habían dejado de efectuarse con anterioridad.
En las Regulaciones Federales de EE UU. se establecen una serie de disposiciones sobre el bloqueo a Cuba tendentes a la aplicación extraterritorial de las leyes de ese país, lo que pone de manifiesto que las acciones de EE.UU. contra Cuba no se restringen a un contexto bilateral ni se trata de una política por demás injustificada de embargo como insisten en denominarlo, sino de un bloqueo, en abierta violación de la soberanía de otros países, como puede comprobarse en las siguientes restricciones que se exponen a continuación de forma resumida:
§ los Estados Unidos prohíben a empresas de terceros países, exportar a Cuba productos con componentes o materiales de EE.UU;
§ los Estados Unidos prohíben a nacionales de terceros países re-exportar a Cuba mercancías de origen de EE.UU;
§ se prohíbe la re-exportación de datos técnicos de EE.UU. en forma tangible o intangible para el diseño, la producción o manufactura;
§ los Estados Unidos reclaman extender el «embargo» a entidades de terceros países bajo !as leyes de terceros países si la entidad es propiedad o controlada por personas o corporaciones de EE.UU. aunque los intereses de EE.UU. sea menor del 50%:
§ el «embargo» se aplica a cualquier empresa de tercer país con nacionales cubanos en su nómina y la propiedad de ésta en EE.UU. será congelada;
§ se prohíbe por los Estados Unidos a bancos de terceros países mantener cuentas en dólares a Cuba o nacionales cubanos y a las firmas de terceros países de usar la moneda de EE.UU. en sus cuentas con Cuba;
§ el «embargo» prohíbe la importación de un tercer país de mercancías con partes o componentes de origen cubano, lo anterior se aplica a productos de origen cubano aunque ya no se suministre por Cuba o al margen del tiempo de propiedad del producto por e! nacional del tercer país;
§ los Estados Unidos mantienen una «lista negra» de cientos de empresas de terceros países denominados «nacionales especialmente designados» de Cuba con los cuales se prohíbe a empresas de EE.UU. o sus ciudadanos, realizar cualquier transacción comercial o financiera;
§ por ley de Estados Unidos a los representantes del Gobierno en instituciones financieras internacionales se les ordena oponerse al otorgamiento de créditos o concesión financiera a Cuba.
Un cable de la UPI fechado en Washington el 9 de enero de 1977 informó lo siguiente:
«Newsday, diario de Long Island (Nueva York), dijo hoy que, «al menos con apoyo tácito de la CIA, agentes ligados a los terroristas anticastristas introdujeron el virus de la fiebre porcina africana en Cuba, en 1971».
«Seis semanas después, un brote de la enfermedad obligó a las autoridades sanitarias de Cuba a sacrificar 500 mil cerdos, a fin de evitar una epidemia animal de proporciones nacionales».
«Una fuente no identificada de la CIA, reveló a Newsday que a principios de 1971 se le entregó un recipiente que contenía virus en Fuerte Gullick, base del ejército de Estados Unidos en la Zona del Canal de Panamá, también utilizada por la CIA, y que el mismo fue llevado en un pesquero a agentes que operaban clandestinamente en Cuba».
«Era la primera vez que la enfermedad se manifestaba en el hemisferio occidental».
«Se sabe por propia admisión que en los momentos en que se produjo en Cuba el brote de la fiebre porcina africana, la CIA y el ejército de Estados Unidos estaban experimentando con venenos, toxinas mortales, productos para la destrucción de cosechas y otras técnicas de la guerra bacteriológica».
En un artículo del periódico The Miami Herald, publicado el día 1ro de septiembre de 1981, se dice que:
«El exagente de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) William W. Turner y el periodista Warren Hinckle refieren que Estados Unidos utilizó la guerra biológica en Cuba durante la administración de Nixon.
«Los autores alegan que la CIA ha comprometido a Estados Unidos en una guerra secreta, no declarada e ilegal contra Cuba durante más de 20 años. El llamado Proyecto Cuba es el mayor y menos conocido que la CIA opera fuera de los límites legales de sus estatutos, afirman.
«La Historia del Proyecto Cuba es la historia de una importante guerra norteamericana no declarada por el Congreso, no reconocida por Washington y no informada por la prensa».
En 1991, el Departamento de Estado publicó en Washington un conjunto de documentos que cubren el período 1958- 1960, es un libro de 1200 páginas y en el que queda demostrada y reconocida la estrecha vinculación con la Tiranía de Fulgencio Batista, sus asesinos, torturadores y ladrones y el apoyo que les brindaron para recibirlos en territorio norteamericano cuando huyeron de Cuba en 1959.
En 1992, el Gobierno y Congreso norteamericanos aprueban la Ley Torricelli, destinada a hacer más duro el bloqueo contra Cuba. Entre otras disposiciones, esta ley prohíbe que filiales de empresas norteamericanas en terceros países comercien con Cuba.
En marzo de 1996 aprueban la Ley Helms-Burton, la que junto a otras medidas del bloqueo han causado graves daños a Cuba, calculados hasta el 2003 por un valor de más de 80 mil millones de dólares.
El 12 de junio de 1997, los congresistas norteamericanos Dan Burton, R. Torricelli, Robert Menéndez, lleana Ros-Lehtinen, Bob Graham, Jesse Helms, Benjamín Gilman y Peter Deustah, que han consagrado su accionar legislativo a tratar de derrocar la Revolución Cubana, enviaron una carta a Robert R. Rubín, Secretario del Tesoro de los EE.UU., en ella, entre otras consideraciones, señalaron: «Hemos conocido recientemente sobre la decisión de su Oficina de revocar una licencia anteriormente otorgada, autorizando una transacción en la cual el régimen cubano vendió, por un significativo valor, una marca registrada en la Oficina de Marcas y Patentes de EE.UU., se trata de la marca Havana Club. Entendemos que esta licencia fue inicialmente otorgada porque los representantes del Gobierno cubano distorsionaron el alcance y la naturaleza de esta transacción ante su Oficina».
«Como Ud. está profundamente al tanto, desde el inicio del embargo y a través de la promulgación de la Ley de Democracia Cubana de 1992, y más recientemente la Ley de Solidaridad por la Libertad y Democracia Cubanas de 1996, ha sido la estrategia de EE.UU. llevada a cabo por nueve Presidentes norteamericanos, con el respaldo bipartidista del Congreso, lograr cambios democráticos en Cuba presionando económicamente al régimen de Castro y privándolo de moneda libremente convertible. El Presidente Clinton ha trabajado diligentemente para ampliar esta política y ha hecho progresos en obtener la ayuda de nuestros aliados en estos esfuerzos».
El 28 de febrero de 1998, la Agencia Central de Inteligencia hizo público un documento de octubre de 1961, redactado por su inspector general en ese momento. En él se revela que, desde la primavera de 1959, a un costo de 4 400,000 dólares habían iniciado lo que denominaron «programa de resistencia interna por medio de asistencia clandestina externa», el cual comprendía tanto la creación de una «oposición» dentro de Cuba como «la formación de una organización exiliada cubana». En tan solo un año el presupuesto inicial se incrementó a 40 millones de dólares.
El 12 de marzo de 1998, el Jefe de los Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado de EE.UU. al declarar ante un Comité Congresional, señaló que el fomento de la «oposición» en Cuba era elemento clave de la política yanqui, y presentó como resultado de ello, la aprobación de seis proyectos por valor de 1.5 millones de dólares para el año 1998, otros cinco proyectos de un millón en fase final de aprobación y otras propuestas adicionales bajo consideración.
El 21 de octubre de 1998, el Congreso norteamericano al aprobar la Ley del Presupuesto de su país, adoptó 12 nuevas medidas contra Cuba, entre las que se encuentra la asignación de no menos de dos millones de dólares para financiar, según ellos mismos, «fracciones políticas de oposición, activistas de derechos humanos y periodistas independientes».
El 4 de febrero de 1999, en reunión sostenida con la Dirección del Diario de Las Américas, la Secretaria de Estado de los EE.UU. Madeline Albright expresó: «Estamos utilizando armas inteligentes apuntando al blanco que queremos. Deseamos ayudar a crear una pequeña economía de mercado independiente y tratar de que el pueblo (cubano) continúe expandiéndose y se llegue a separar por completo del poder del Estado».
El 18 de marzo de 1999, un Juez Federal norteamericano decidió apropiarse de una importante cantidad de dinero que varias empresas telefónicas norteamericanas debían a la Empresa ETECSA por los servicios que esta les presta, para entregarlo a familiares de los pilotos que fallecieron cuando sus naves aéreas fueron derribadas por violar el espacio aéreo de Cuba.
El 24 de marzo de1999, el Jefe de los Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado de EE.UU., en testimonio ante el Congreso norteamericano afirmó, que desde 1996, para apoyar actividades dentro de Cuba de «fracciones políticas de oposición, activistas de derechos humanos y periodistas independientes», se ha