EL GENOCIDIO DE ESTADOS UNIDOS
CONTRA CUBA
“Apoderarse de Cuba. Este es el
secreto de su política”.
(Carlos Manuel de Céspedes, 1870)
“Cosa más cobarde no la hay...
Ni maldad más fría”.
(José Martí, 1889)
Intervención de Ricardo Alarcón sobre la Proclama de la Asamblea Nacional del Poder Popular. 13 de septiembre de 1999.
Compañeros, me toca decir unas palabras para resumir este debate, antes de proceder a someter la Proclama a la aprobación de ustedes
Han intervenido 31 compañeras y compañeros, creo que el nivel de cohesión, de unión que esas intervenciones expresaron es manifiesto. Si todos los demás hubieran hablado, el resultado hubiera sido igual; si todos los cubanos y las cubanas que no están en esta sala lo hicieran, como lo harán en su momento y por distintas vías, no debe haber la menor duda de que estaremos expresando un sólido respaldo, una firme unidad alrededor de un texto que se explica claramente y que debe constituir, como han dicho varios compañeros a lo largo de la discusión, un importante instrumento en la batalla de nuestro pueblo por preservar su independencia, por salvar su Revolución.
Yo quería hacer algunas observaciones que me parecen importantes:
En primer lugar, que cuando estamos proclamando que Estados Unidos practica y ha practicado durante más de 40 años un acto de genocidio contra Cuba, no estamos empleando una metáfora, no estamos utilizando un giro verbal para criticar una política condenable por diversos motivos, sino que estamos refiriéndonos con todo rigor jurídico, avalado por los textos que rigen en la comunidad internacional, y que definen lo que es genocidio, y probando la conducta norteamericana que configura ese delito, exclusivamente con documentos, con declaraciones, con pruebas que proceden directamente de las autoridades norteamericanas.
Todas las referencias que aparecen en la Proclama que fue presentada ante la Asamblea, todas ellas, se pueden encontrar en este voluminoso libro (muestra libro) ; en este enorme libro de más de 1 200 páginas, publicado en 1991 y que contiene documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos, específicamente del Departamento de Estado: Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, Volumen VI, 1958-1960. Cuba . Todos los documentos que hay aquí, todas estas páginas se refieren a Cuba, a la política norteamericana con relación a Cuba entre el año 1958 y el año 1960, y todo lo que hay aquí son documentos oficiales de autoridades, de funcionarios norteamericanos.
El prólogo del libro lo hace el Historiador del Departamento de Estado, una persona autorizada por la ley a recopilar y organizar la publicación de estos textos. En el prólogo él aclara que esto es solo la punta del iceberg, que hay documentos de la época que él no los pudo encontrar porque fueron sustraídos de los archivos; aclara también que no todo lo que se discutía en las reuniones se dejaba constar por escrito y, además de eso, todos los documentos que aquí aparecen están sujetos a la censura.
Ustedes escucharon, y han visto en la propuesta circulada, un montón de referencias entre comillas de lo que dijo este funcionario, lo que dijo el otro, lo que acordaron en tal reunión. Pero en todas esas páginas, en todos esos textos, a veces en una proporción impresionante, constantemente aparecen líneas en blanco, palabras en blanco, párrafos, páginas que todavía se mantienen en secreto. De manera que uno puede pensar, razonablemente, que si esto es lo que ellos admiten haber hecho, hasta dónde llegaría lo que realmente estaban haciendo desde aquellos tiempos.
En nuestra Proclama se habla, por ejemplo, de una reunión del 23 de diciembre de 1958, del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, donde ahí se dice —lo dice el Jefe de la CIA, pero también lo dice el Jefe del Departamento de Estado y lo dicen otros dirigentes norteamericanos— que había que impedir la victoria de la Revolución. El documento está aquí. ¿Cómo termina el documento?. “A una pregunta del Vicepresidente, el Jefe de la CIA respondió...” Entre paréntesis hay una frase: “(Párrafo no desclasificado)”. Es un documento en el que dicen que van a hacer lo necesario para impedir la victoria de la Revolución; es un documento donde reconocen, los principales dirigentes norteamericanos, que están trabajando para impedir el triunfo del movimiento revolucionario del pueblo. Hay varios párrafos que 30 años después tienen que mantener en secreto. Incluso, termina así: “A una pregunta del Vicepresidente, el Jefe de la CIA respondió...” —sigue un párrafo que ellos no pueden revelar. Y por ahí pudiera seguir la historia.
Pero quiero subrayar eso. Las referencias a funcionarios del gobierno norteamericano todas las que aparecen en la Proclama, todas, han sido tomadas de los propios textos, de los propios documentos que ellos han hecho públicos y han admitido, han reconocido su existencia. Y, por supuesto, la propuesta que estamos examinando no tiene 1 200 páginas, es mucho más breve nuestra Proclama, y ha habido que concentrarse en algunos de los aspectos principales.
Se hubiera podido hablar, por ejemplo, que después de aquella reunión del 23 de diciembre, el Departamento de Estado le envió un memorando al Presidente donde dejaba claro que estaban haciendo todo lo posible para impedir la victoria de la revolución y que estaban conspirando para promover un golpe de Estado que les permitiera al señor Batista y a su gente salir tranquilamente de Cuba, irse con todas las garantías para llevarse los fondos de la república que, como nuestra Proclama señala justamente, al hacerlo se estaba produciendo el primer zarpazo económico a nuestra Revolución. Pero es que desde antes ellos estaban planeando y ayudando al señor Batista y a sus compinches a que se fueran de Cuba tranquilamente para evadir la justicia, y también para robarle al pueblo cubano.
Si siguiéramos la cronología, encontraríamos que el 31 de diciembre estaban instruyendo el despliegue de unidades navales y de la infantería de marina en dirección a Cuba —tan preocupados estaban con la inminencia de la caída del régimen batistiano—; o hubiéramos encontrado, ya el primero de enero, que deciden enviar dos submarinos y tres destroyers, acá muy cerca del litoral habanero, enfrente de la ciudad, eso sí, con la instrucción de que se mantuvieran fuera de la vista desde tierra, y con la instrucción también de que esa acción, ese despliegue, se mantuviera en secreto, que no hubiera publicidad, que no lo recogiera la prensa, que no lo divulgaran los periodistas, y lo lograron. Desde el primero de enero se mantuvieron —según, dice este libro— hasta el día 5.
¿Por qué estaban desplegados? Por la “incertidumbre acerca de lo que pasaría en Cuba”, y he citado uno de los tantos documentos.
Hay un informe del Embajador norteamericano en aquel momento que es bastante revelador. A las 6:00 de la mañana, del día primero de enero, le envía un mensaje cifrado al Departamento de Estado, 6:00 de la mañana del día primero. Informa que alrededor de las 4:00 de la mañana el señor Batista y sus amigos se han escapado de Cuba y que ha asumido la dirección de una junta militar el general Cantillo, “con quien hablé” —dice el Embajador norteamericano, al informar las ideas del señor Cantillo sobre su gobierno. Entre 4:00 de la mañana y 6:00 de la mañana, incluyendo el tiempo para redactar el informe, cifrarlo y enviarlo para Washington. Lo primero que hizo aquel señor golpista fue hablar con el Embajador norteamericano, y lo primero que hizo el Embajador norteamericano fue hablar con él en menos de dos horas.
El segundo documento del año 1959, del Embajador norteamericano, se refiere a otra reunión que tendría con ese mismo general en la mañana del primero de enero, ¿para qué? Para proveer la salida segura y fácil de los elementos batistianos que estaban huyendo o que estaban buscando protección en las oficinas diplomáticas en Cuba, para lograr que el general Cantillo les asegurase salvoconducto y salida para su refugio tranquilo en el Norte; y lo dice el Embajador norteamericano, que el general Cantillo dio instrucciones precisas para asegurar la salida de los aviones desde Columbia con todas estas personas.
De manera que cuando decimos que la agresión norteamericana contra el pueblo de Cuba comenzó incluso antes del triunfo de la Revolución, no estamos nada más que basándonos estrictamente en lo que fue la política oficial norteamericana —como dice el historiador en su prólogo—, esto es “el registro oficial de la política norteamericana”. Y ahí está registrado de un modo claro el nivel de comprometimiento con la tiranía que tenía el gobierno norteamericano, y todo lo que hicieron para apoyarla, para favorecerla durante el período de la lucha antibatistiana y después.
Quedará para la historia, para los historiadores futuros, este capítulo completo del libro. Cuando agrupan los textos de la política oficial norteamericana con relación a Cuba, correspondientes a toda la segunda mitad del año 1959, el título que le dan a ese capítulo, que se lo da el historiador del Departamento de Estado, es todo un símbolo de esa política. El título es este: “La Ley de Reforma Agraria cubana y el asilo para Batista”, porque esas eran las dos líneas de acción fundamentales de Estados Unidos.
Aquí está: “ Cuban agrarian reform law and the asylum for Batista” (“La Ley de Reforma Agraria de Cuba y el asilo para Batista”). En esos meses, compañeros, junto a las presiones contra Cuba por la Reforma Agraria, junto al despliegue de su propaganda anticubana, de sus gestiones diplomáticas contra Cuba, por la Reforma Agraria, que va a ser el detonante de ese enfrentamiento contra la Revolución del imperialismo, estaba el otro: el de defender a sus compinches, el de salvar a sus amigos, a sus instrumentos principales, el de buscarles protección a Batista y sus agentes. Reforma agraria y asilo para Batista, esas eran las dos líneas de trabajo del Departamento de Estado. No lo digo yo, lo dice su historiador y lo dicen sus documentos oficiales.
Desde entonces se inició la guerra económica del imperialismo, que desde el primer día fue una guerra dirigida contra el pueblo, contra la nación cubana. Por eso estamos empleando todo el rigor jurídico al decir que se trata de un genocidio. Su intención es destruir no solo a la Revolución, sino a la patria, a la nación que esa Revolución libera; no a un cubano o a otro, sino al pueblo de Cuba, a todos los cubanos sin excepción, y esto se puede fundamentar, sin la menor duda, siempre con documentos norteamericanos.
Este libro contiene las declaraciones, las manifestaciones y los informes de los dirigentes norteamericanos. El informe del doctor Pazos con relación a la situación financiera del país, lo sabe muy bien el compañero Presidente del Banco Central aquí presente, lo tenemos acá. Fue él, fue Felipe Pazos el que analizó, como testigo excepcional: había sido el Presidente del Banco Nacional cuando este se creó en 1950 hasta el 10 de marzo de 1952, y regresa al banco en 1959, al caer la tiranía de Batista. El sabía cuánto dejó, y sabía cuánto encontró de vuelta, y aquí lo analiza: cómo aquellos individuos se robaron 424 millones de dólares del Tesoro de la República, se robaron o malversaron.
Fuera de estos dos documentos, la otra cita que hay en la Proclama es lo que el New York Times publicó en abril de 1959, y eso es fácil encontrarlo en los archivos de ese periódico.
Aquí nosotros no les hemos atribuido absolutamente nada a los norteamericanos que no esté en lo que ellos han admitido que sea divulgado, sin contar, por supuesto, que hay muchas otras cosas que siguen sin divulgar.
Cuando mencionamos que el general Kirkpatrick, inspector de la CIA, reconoció que desde el verano de 1959 estaban desatando esta guerra encubierta contra Cuba, nos estamos refiriendo a esto (lo muestra), a un documento que fue secreto durante 30 años y más, pero que finalmente el año pasado tuvieron que hacer público.
Aquí se ha hablado bastante de las consecuencias que para nuestro pueblo, para los niños, para las mujeres, para las embarazadas, para los ancianos, para los enfermos, tienen estas acciones del bloqueo norteamericano, las que se producen como consecuencia de los daños que a nuestra economía causa esa guerra económica que contra Cuba, contra el Estado cubano, contra sus empresas, contra su comercio, contra las inversiones en Cuba, ellos llevan a cabo; pero hablamos de genocidio por ese propósito, por el propósito que buscan esas medidas que, además, ellos reconocen en sus documentos oficiales.
Esta es una publicación del Departamento del Tesoro (la muestra) , su título no puede ser más convincente: Lo que usted debe saber acerca del embargo norteamericano . No somos nosotros, son ellos los que explican en qué consiste ese embargo y qué es lo que buscan.
Compañeros, en este largo texto lleno de complicadas regulaciones que han estado rigiendo desde los años 60, desde que comenzó el bloqueo —que ahora la Ley Helms-Burton codifica y convierte en ley, y, por lo tanto, nadie puede modificar sino el mismo Congreso—, si uno revisa esas regulaciones, va a encontrar paso a paso, dicho por ellos, dicho por los que tienen que aplicar el bloqueo, que se trata no solo de prohibiciones contra Cuba como Estado, como república, sino de prohibiciones contra Cuba como república y contra todos y cada uno de los cubanos y de las cubanas.
“Transacciones que envuelvan propiedades en las cuales Cuba o algún nacional cubano esté involucrado”. Este es uno de los títulos de una de las regulaciones.
“Cuentas y depósitos”. Hay un congelamiento total de los bienes cubanos, tanto los del gobierno como de los cubanos particulares y de los tratos financieros con Cuba, que afectan a todas las propiedades de Cuba o de los ciudadanos cubanos.
“Las regulaciones prohiben toda venta o compra a Cuba o a cualquier nacional cubano”.
“Herencias, pensiones, ahorros”; cualquier depósito que involucre a cualquier nacional cubano es congelado desde los años 60.
“Una herencia es bloqueada cada vez que sea un nacional cubano el heredero o el fallecido.”
“Toda cantidad monetaria procedente de una pensión será bloqueada cada vez que esté involucrado un residente de Cuba”; o sea, un cubano de los de verdad, de los que viven acá, de los que estamos aquí en Cuba.
“Cualquier depósito será bloqueado, siempre que involucre a un cubano residente en Cuba”, y por ahí pudiéramos seguir.
De manera que incluso a nivel burocrático, de las regulaciones que ellos establecieron desde el comienzo, se tomaron el trabajo de dejar claro que el objetivo de su guerra no era solamente el Estado, las entidades y las instituciones del Estado cubano, sino todos y cada uno de los cubanos en particular, y ellos no ignoran los resultados y las consecuencias de lo que están haciendo.
Se habla en la Proclama de los efectos que para Cuba tuvo la intensificación del bloqueo a partir de la desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista, y de cuando, de forma oportunista en ese momento, ellos arrecian el bloqueo, aumentan las prohibiciones e incluso adoptan las famosas leyes, primero la Torricelli y después la Helms-Burton.
La Torricelli se adoptó en 1992. Este Informe Especial es emitido por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro, la oficina que se dedica al genocidio. Los practicantes, los ejecutores del genocidio son estos burócratas; ellos son los que se dedican a perseguir todo lo que se relacione con intercambios con Cuba; se dedican a perseguir a los norteamericanos —también lo hacen, los persiguen— que se atrevan a viajar a Cuba, que se atrevan a tener contactos con Cuba, comunicación con Cuba y a aplicarles sus multas y sus penas de prisión.
En este informe ellos se refieren al último año, los últimos datos del comercio de Cuba con las llamadas subsidiarias norteamericanas, comercio que —como se señala en la Proclama— desaparece, se le pone fin con la Ley Torricelli. Para eso se hizo la Ley Torricelli, para cortarnos esos suministros. Ellos sabían lo que estaban haciendo, y lo hicieron deliberadamente.
Aquí está el informe de ellos, cuál fue el volumen de lo que comerciamos con esas compañías en el año 1991, exactamente el año anterior al que se aprueba la Torricelli. No solamente tienen los datos de qué compañías estuvieron involucradas, en qué países estaban establecidas, sino los productos: aceite de girasol, trigo, arroz, soya y productos relacionados con la soya, maíz.
Estos fueron los principales objetivos de esa guerra escalonada con la Ley Torricelli: impedirle a Cuba la adquisición de esos productos que evidentemente solo pueden tener un destino: los cubanos y las cubanas, el pueblo de Cuba, y para evitar que eso llegara a Cuba, para hacerles más difícil la vida a los cubanos, es que el señor Torricelli emitió su famosa ley. Sus burócratas sabían lo que estaban haciendo, tienen los datos, las cifras, los volúmenes de trigo, de arroz, de soya y de girasol que habíamos comprado y que dejamos de adquirir por una ley de Estados Unidos.
Ustedes escucharon los argumentos jurídicos, han leído lo que dice la Convención sobre el Genocidio; lo que dicen, incluso, los convenios de Ginebra sobre la protección de los civiles en tiempos de guerra. ¿Es o no es genocida la acción deliberada por la cual se le impide a un pueblo acceder a esenciales alimentos? ¿Es o no es genocida la actitud de los Torricelli, de la comparsa que lo apoyó en el Congreso en aquel momento y de estos burócratas que se han dedicado a cazar hasta el último grano de maíz con destino a nuestro país, para prohibirlo y, además, para presionar y para perseguir a aquellos que intenten mantener el comercio con nosotros?
Como subraya nuestra Proclama, toda esta política infame, toda esta desvergonzada práctica del genocidio continuado, permanente a lo largo de más de 40 años, alcanza su nivel máximo con la llamada Ley Helms-Burton.
No voy a abundar en los detalles de esta ley, porque contamos con un pueblo de cultura y de información superior, y, entre otras cosas, en pocos lugares se han publicado tantas ediciones de esta ley. Yo tengo aquí la primera de todas, la que sacamos en el año 1995, cuando era un proyecto todavía en el Senado, hasta esta, que volvimos a editar varias ediciones —la Asamblea, pero también el Ministerio de Educación Superior, el Ministerio de la Industria Básica y otros organismos cubanos lo han hecho—, de manera que los cubanos tienen más que suficiente conocimiento de este engendro.
Desde la primera versión de la ley, de esta (la muestra) . que comenzamos a discutir aquí en las primeras reuniones con el pueblo en 1995, está claro lo que denuncia la Proclama: Objetivo de la ley es destruir la Revolución Cubana mediante la intensificación del bloqueo, mediante el incremento de las presiones contra terceros para que no comercien con Cuba, para que no inviertan en Cuba, para que se plieguen a la guerra económica que ellos desatan contra Cuba. ¿Para lograr qué? Derrotar a la Revolución Cubana, poner fin a la Revolución Cubana e instalar aquí un régimen sometido a los intereses norteamericanos, un régimen que estuviera diseñado a imagen y semejanza de sus deseos, que sirviese exclusivamente para servir de cubierta a lo que sería la realización en verdad de la anexión de Cuba, la realización de aquel viejo sueño de hacer desaparecer la independencia nacional y convertir a Cuba en un apéndice de Estados Unidos. Y si eso ocurriera —que no va a ocurrir, por supuesto, pero sigamos la hipótesis legislativa—, cuando eso ocurriese, el bloqueo no desaparecería, seguiría en pie hasta que en Cuba se hubiese llegado a un gobierno “democrático”, certificado como tal por el gobierno y por el Congreso de Estados Unidos. Voy a leer el texto del señor Helms: “A los efectos de esta ley, un gobierno electo democráticamente en Cuba, además de continuar cumpliendo con los requisitos de la Sección 206, es un gobierno en Cuba que” —vienen como cinco requisitos, voy a leer uno solo— “haya devuelto a ciudadanos estadounidenses y a entidades en las que ciudadanos estadounidenses posean el 50% o más de los beneficios, las propiedades tomadas por el gobierno de Cuba a dichos ciudadanos y entidades, el 1º de enero de 1959 o posteriormente.”
Democrático sería el gobierno que hubiera completado la devolución de todas las propiedades que fueron pasando a poder del pueblo a partir de la Revolución, incluso, aquellas que fueron abandonadas por los protegidos de Estados Unidos cuando escaparon el día Primero de Enero de 1959. Que fueron ellos los redactores de la ley, lo prueba claramente esta insistencia de la ley en subrayar siempre que, cuando hablan de propiedades nacionalizadas, no se refieren solamente a la Reforma Agraria, a las nacionalizaciones o a las leyes revolucionarias, sino se refieren, sobre todo, a una fecha: la fecha en que amparadas por Washington, después que planearon durante meses cómo realizar su escapada, estas personas abandonaron determinadas propiedades.
El gobierno norteamericano no solamente ha desatado una guerra económica contra Cuba, una guerra que hunde sus antecedentes en el período anterior al triunfo revolucionario, sino que esa guerra y ese genocidio lo ha institucionalizado con esta ley que, además, consagra algo absolutamente inusitado. Es un genocidio institucionalizado, consagrado en una ley, convertido en política de Estado; pero, además, es un genocidio anunciado.
No solamente lo practican contra las varias generaciones de cubanos que desde 1958 estamos afrontando esta guerra, sino que les están diciendo a las futuras generaciones cubanas que contra ellas se proyectará y se realizará la misma política genocida hasta que hubiesen devuelto al amo yanki y a sus instrumentos de explotación, a sus agentes criminales, todas y cada una de las propiedades que fueron entregadas por la Revolución, realmente, a su único y legítimo dueño, que es el pueblo de Cuba.
Ese siniestro propósito lo anuncian desvergonzadamente.
Creen que podrán reconquistar a Cuba, y lo reflejan en cosas como ésta —publicación del 10 de agosto de 1999—, toda una plana de un periódico de Miami, toda una plana con este significativo título: “ No pierda el derecho a sus propiedades en Cuba” . Aquí está la dirección, el teléfono, de una institución que se ha creado allá para reclamar esas propiedades que, según la ley, habrá que devolverles a ellos (muestra periódico).
Dos columnas, la de la izquierda se refiere a las viviendas, lo aclara muy bien, que hay dos tipos de propiedades: las industriales, las fincas, las unidades productivas y las viviendas. Explican que había determinadas viviendas que tenían propietarios antes de la Revolución y que la Revolución, con las distintas leyes, rebajó los alquileres primero y después creó el proceso para que los arrendatarios se convirtiesen en propietarios de las viviendas donde vivían. Se refiere a eso: todas esas viviendas sus antiguos dueños tienen derecho a llenar esta planilla (la muestra) para reclamar su futura devolución; pero, además, explican lo que nosotros decimos en la Proclama, que hay muchas más. Dicen ellos que centenares de miles; en realidad, pudiéramos hablar con más precisión de un millón de viviendas que fueron construidas por la Revolución y entregadas a quienes las habitan, en terrenos que, según ellos y según la ley, tienen un dueño al cual habría que devolverle esa vivienda y esa tierra sobre la cual se alza.
¿Y qué cosa es una política que busca privar a todo un grupo nacional, a todo un pueblo, de los elementos fundamentales para la vida; qué cosa es una política que le niega el alimento, la medicina, el equipo médico, que le niega la tierra, que le niega el techo y que amenaza, además, a las futuras generaciones con impedirles el acceso a todo eso; qué cosa es una política que hace todo eso y lo aplica contra todo un grupo nacional, el de los integrantes de la nación cubana, qué cosa es eso sino genocidio?, como fue definido claramente por la Convención de 1948.
Por eso la acción de esta Asamblea Nacional y las definiciones que claramente están contenidas en la Proclama, hacen que la discusión de hoy y la decisión que adoptaremos tengan un carácter realmente extraordinario, trascendente; que debamos contemplarla todos nosotros como cumpliendo un deber elemental, un deber de patriotismo, cumpliendo una misión esencial en la larga, dura y difícil batalla que libramos contra nuestros enemigos; larga, difícil y dura, pero victoriosa, porque si ellos se han visto obligados a escalar en su política genocida, si se han visto obligados a multiplicar sus leyes, sus normas, sus amenazas, es, precisamente, porque todo lo que han ido acumulando ha sido insuficiente para lograr el propósito de destruir a Cuba, el propósito de destruir a nuestra Revolución.
Hace muchos años, cuando nuestro pueblo inició su marcha por la independencia y la justicia, cuando iniciábamos la única Revolución Cubana, la que empezó en 1868, ya desde entonces el Padre de la Patria advirtió que el secreto de la política norteamericana era apoderarse de Cuba; entonces era conspirando con otras potencias, tratando de impedir la lucha liberadora de los cubanos, de los mambises, que Cuba siguiera siendo colonia española hasta el momento en que los norteamericanos pudieran apoderarse de ella. Ese era “el secreto de su política” , y así lo definió Carlos Manuel de Céspedes.
Unos cuantos años después, cuando José Martí, llega él por su propio camino a las mismas conclusiones, cuando descubre, cuando ve el plan anexionista que se estaba elucubrando entonces —antes, incluso, de la intervención norteamericana, en 1889—, y cuando él ve que Estados Unidos se está acercando al momento en que venga oportunistamente a intervenir en la guerra para apoderarse de Cuba, el Apóstol señaló que esa política era lo “más cobarde” que se había visto “en los anales de los pueblos libres”, dijo él; y no solamente lo más cobarde, sino que no ha habido “maldad más fría”.
Esa ha sido la esencia de la política norteamericana contra Cuba: cobardía, maldad, maldad fría y calculadora. Pero la historia nos ha colocado a nosotros en la oportunidad privilegiada de contribuir a denunciar la maldad, a desentrañar ese cálculo frío que contra nosotros han impuesto y ayudar en el esclarecimiento y en el avance de la verdad.
Nuestro país, con la adopción de esta decisión por la Asamblea, crearía las condiciones necesarias para continuar esta lucha, para continuar esta batalla, que ha acompañado a los cubanos desde el origen de la nación.
Por eso, compañeras y compañeros, yo me uno a todos los que han expresado su voluntad de que pasemos a adoptar esta histórica decisión, pasemos a aprobar esta Proclama propuesta por las organizaciones que representan la voluntad del conjunto de la población cubana, las organizaciones que agrupan a nuestro pueblo, las organizaciones que están autorizadas como nadie a trasladar y a emitir el criterio y la voluntad genuina, real, de nuestro heroico, noble y abnegado pueblo.
PROCLAMA DE LA ASAMBLEA NACIONAL DEL PODER POPULAR DE LA REPÚBLICA DE CUBA.