Intervención de Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la tribuna abierta de la Revolución en mesa redonda informativa sobre La democracia socialista cubana, efectuada en los estudios de la Televisión Cubana, el 23 de febrero del 2001, "Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio".
(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Creo que el problema es que ellos lo comprenden muy bien. Precisamente, lo que significa hoy Cuba, e incluso más aún que antes, hará inevitablemente que nuestro sistema político, nuestro proyecto social esté en la mira del ataque constante del imperialismo.
Ante todo hay que pensar que un elemento esencial y absolutamente infaltable de cualquier sistema democrático tiene que ser la independencia; o sea, es inconcebible la democracia si no hay un país soberano, en última instancia la democracia es el ejercicio por el pueblo de la soberanía, pero solamente podría hacerlo una nación que sea libre e independiente. Y la Revolución Cubana significó, desde el primer momento, desde 1959, precisamente la conquista de la independencia nacional; fue el triunfo de una revolución que se había iniciado en 1868, una revolución profundamente democrática, porque estaba basada en la idea de la igualdad, de la justicia, de la solidaridad humana, el sentido auténtico, real que el vocablo democracia siempre ha tenido.
Ahora, esa revolución fue interrumpida en 1898 por la intromisión del imperialismo. Cuando el Primero de Enero ellos se dan cuenta de que se ha retomado el camino revolucionario de 1868 y que han llegado al poder los continuadores de aquella revolución, inician la transformación de Cuba, desde ese mismo día empezaron a hacer todo lo posible no, por supuesto, para que triunfase la democracia ni mucho menos, ni la libertad, todas esas pamplinas que ellos usan en su propaganda, pero que no hacen nada más que intentar tratar de ocultar la verdad...
Si tuviéramos más tiempo yo recorrería lo que decían los fundadores de Estados Unidos sobre la idea del gobierno popular, sobre la democracia, los famosos federalistas. Ellos hablaron muy claro: John Haig dijo alguna vez que “quienes poseen el país deben gobernarlo”, esa era la idea de esa democracia cuando nació, el gobierno de aquellos que tenían las riquezas; o el señor Madison cuando señalaba que “la primera responsabilidad del gobierno era proteger a la minoría rica contra la mayoría” —y no los estoy calumniando, esas frases las pueden entrecomillar, porque son citas textuales de ellos—; o Alexander Hamilton, para citar al tercer federalista, que decía que “había que domesticar al pueblo”, que era la forma de lograr que gobernaran los ricos y que el poder lo ejercieran los poderosos, digamos.
Aquí empezó una revolución por la independencia diferente, con el pueblo, liberando a los esclavos, dándoles participación a los antiguos esclavos en el poder, desde la etapa más temprana. Y, además, como recordaba al comienzo del programa Estrella, una revolución con una profunda tradición institucional, con cuatro constituciones durante la etapa de la guerra. Esos que hablan por ahí y andan por el mundo pretendiendo ahora elecciones a los cubanos, de organización institucional, democrática, a Cuba habría que venir a aprender, porque la historia de Cuba en ese aspecto es riquísima.
Ahora, eso se interrumpe con la intervención yanki, y el Primero de Enero de 1959 los cubanos logramos poner fin a aquella intromisión y continuar nuestro camino. Por eso ellos empezaron desde el primer día, tratando de derrocar a la Revolución y usando desde el primer día, entre otros elementos, la propaganda para distorsionar la realidad cubana, para presentarnos como una tiranía en lugar de ser una democracia, etcétera, etcétera.
Desde este famosísimo informe —que yo lo he sacado otras veces, creo que aquí mismo—, de la CIA, que solo se hizo público, fue desclasificado en febrero de 1998, pero es de octubre de 1961. ¿Por qué lo desclasificaron en 1998? Porque ya para 1998 esta política era pública y es pública como lo es hoy. ¿De qué trata este informe? Del famoso Programa Cuba, es el informe del general Kirkpatrick, inspector general de la CIA, y él dice, en el párrafo 1, inciso b: “La historia del Proyecto Cuba comienza en 1959.” O sea, no es respuesta ante nada que hubiera hecho Cuba, no es respuesta ante ninguna confrontación entre ambos gobiernos; no, no, nació la Revolución, vieron que el movimiento aquel que empezó en 1868 había triunfado y trataron de inmediato de liquidarlo.
¿Y qué usaron como parte de ese programa? ¿Qué nos dice el señor Kirkpatrick en ese informe? Bueno, crear una oposición a ese gobierno dentro de Cuba y crear una oposición en el exilio; pero no crear simplemente, no es literatura, no se quedaba por las nubes —párrafo 32—, aquí están los salarios que les pagaban: 131 000 dólares mensuales gastaba la CIA en salarios, lo que les pagaban como sueldos a los traidores que eran los supuestos representantes de esa fabricada oposición dentro y fuera de Cuba; y de otros datos: lo que gastaban en propaganda, la agresión radial, en publicaciones que editaban para distribuir en América Latina, o incluso en Cuba y demás.
Ahora, esto era Programa Cuba 1959. Si tú buscas ahora, entras al sitio web de la Agencia para el Desarrollo de Estados Unidos, enero del 2001, ¿cómo se llama? Programa Cuba. Y es lo mismo.
Busquemos aquí, que dice que entre las actividades que ellos financian, de una organización que ustedes han mencionado por acá también, Freedom House, aquí esta la sexta tarea, página 2 del informe de la AID, de enero del 2001: “Promueve la formación de un liderazgo político dentro de Cuba, vinculando a las organizaciones dentro de Cuba, las unas con las otras y con organizaciones en Europa y en América del Norte.”
¿No les suena familiar a ustedes eso? ¿No hemos hablado aquí, no han hablado ustedes en otras mesas redondas sobre gente que viene aquí para hacer contacto con un tipo aquí, con otro acullá, para llevarle materiales, o para darle instrucciones? Creación de una organización dentro de Cuba, vinculando los unos con los otros, ellos. Para esto —enero del 2001—, aquí está la cifra: 825 000 dólares.
Ahora, ¿qué cosa es esto? La ley de la esclavitud, como le decimos nosotros, la Ley Helms-Burton. Por ley, abiertamente, ¿qué dice el gobierno de Estados Unidos, el Congreso, y firmado por su Presidente? Propósito de esta ley, el primer propósito: “Ayudar al pueblo cubano a recuperar su libertad y prosperidad y a sumarse a la comunidad de países democráticos que florece en el hemisferio occidental.” Yo sé que da risa ese “jardín florido” que ellos ven en el hemisferio occidental, pero fíjense cuál es el objetivo: sumarnos a lo que ellos entienden por democracia.
Vamos a ver qué entienden por democracia. Pasa la siguiente página de la Ley Helms-Burton. Capítulo de definiciones. ¿Qué cosa es un gobierno democrático en Cuba? Significa “un gobierno que el Presidente de Estados Unidos determine que ha cumplido los requisitos establecidos en la Sección 206.” Ya se acabó las disquisiciones de los diccionarios, ya no es lo de los que decían los griegos, ya no es lo que decía Lincoln: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; democracia es cuando el Presidente de Estados Unidos determine que se ha dado lo que dice la Sección 206.
¿Qué te parece buscar la sección 206 para ver qué cosa es lo que, según la Ley Helms-Burton, tiene que ser un gobierno democrático en Cuba. Bueno, es imposible en el tiempo que tenemos, leer todos los requisitos; entre otras cosas dice que a estos requisitos hay que agregar lo de la Sección 205 que son dos páginas. “Requisitos y factores”, cuatro páginas de la Ley Helms-Burton. Voy a leer nada más que la última.
“Ese gobierno tiene que haber registrado progresos palpables en la devolución a los ciudadanos de los Estados Unidos de las propiedades confiscadas por el gobierno cubano a tales ciudadanos el día Primero de Enero de 1959, o después.” Fíjate cómo regresa con toda claridad la ley al elemento clave, al Primero de Enero de l959 en que ellos perdieron la propiedad de Cuba, que Cuba pasó a ser, finalmente, una nación independiente.
Quiero agregar lo siguiente, ya que mostré este documentico de la AID. Hay otro muy interesante, muy, muy interesante que es este estudio hecho también por ellos. Es una evaluación al Programa Cuba. Agosto del año 2000.
(...)
Aquí explica —fíjate lo que dice en este párrafo—: “El programa Cuba es sui géneris dentro de la AID”, o sea, distinto a los demás. ¿Por qué sui géneris? Porque está dirigido por un IWG (Grupo de Trabajo Interagencias). ¿Qué hace ese Grupo de Trabajo Interagencias? Decide uno por uno, esta listica (La muestra) donde aparece —yo leí uno de los puntos, son un montón— esta repartidera de dinero para provocar la subversión dentro de Cuba para financiar a sus agentes en Miami. Uno por uno aprueba ese grupo de trabajo interagencias, los programas, lo que van a hacer, verifica que estén en consonancia con la Sección 109 de la Ley Helms-Burton.
¿Qué cosa es la Sección 109? Es aquella que dice que ellos van a darle apoyo material, financiero u otro tipo a esos grupos de esa supuesta oposición que tratan de crear. Y no se quedan ahí, una vez aprobados esos planes se dedica a controlar, fiscalizar su ejecución, su aplicación.
¿Y quiénes son este grupo de trabajo? Tú decías con toda razón que la agencia es una agencia del gobierno de Estados Unidos; pero para hacerlo todavía más gubernamental, para quitar toda duda de que nada de esto tenga un carácter que no sea totalmente dirigido desde el nivel central por el gobierno de Estados Unidos de un modo sui géneris —como dicen ellos mismos—, no es como el resto de las actividades de la agencia, esta es distinta.
¿Quiénes forman el grupo de trabajo? Lo dirige un señor, cuyo cargo es asesor principal y coordinador para Cuba, este es un copresidente; el otro copresidente es el director de la Oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado, un caballero que en estas mesas es mencionado de tiempo en tiempo, porque siempre aparece por algún motivo; los otros dos copresidentes, un asesor especial de la AID y el director del Buró de Cuba en el Departamento de Estado, y forman el grupo de trabajo un representante del Consejo Nacional de Seguridad. (National Security Council), uno del Departamento de Comercio de la Oficina de Control de Política Exterior y uno del Departamento del Tesoro de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, la que aplica el bloqueo, así como representantes de varias oficinas del Departamento de Estado.
Qué cosa más oficial y más centralizadamente oficial, desde la decisión de a quién le dan estos fondos o estos recursos, hasta cómo se ejecutan, cómo se aplican. En este documento (Lo muestra), por cierto, ellos señalan la necesidad de ser de aquí en adelante más cuidadosos en la divulgación de lo que hacen, me imagino que para evitar que hagamos lo que estamos haciendo ahora. Hay que suponer que van a hacer mucho más y cada vez se va a saber menos, y hay que también subrayar esto que dicen al principio: “Todo esto es solo una pequeña parte de lo que hace el gobierno de Estados Unidos con relación a Cuba”, todo esto no es más que una pequeña parte, lo cual es cierto. Imagínense ustedes cuando se haga público un informe de la CIA evaluando lo que están gastando ahora, pero habrá que esperar, como pasó con el de Kirkpatrick, 27 años; dentro de 27 años a lo mejor sabemos de muchísimas más cosas que las que ahora podemos comprender.
En la medida en que la Revolución se consolidó, en la medida en que se desarrolló, e incluso ahora que constituimos, porque la historia lo ha querido así, un ejemplo, un punto de referencia, precisamente, de una posibilidad de otro mundo, como decían en Porto Alegre, la posibilidad de que otro mundo se pueda realizar, otro mundo en que la gente se autogobierne, en que el gobierno sea para el pueblo, precisamente en la medida en que ellos ven eso, lo que hacen es intensificar estas acciones.
Aquí he presentado documentos oficiales que existen ahora. En estos momentos el señor Helms y algunos de estos legisladores, que dicen que tienen origen cubano, están hablando de intensificar estos programas, y están hablando de decenas de millones de dólares anualmente para eso, para tratar de buscar apátridas, para tratar de sobornar gente, para tratar de socavar a la sociedad cubana, creando una supuesta oposición, no para que haya democracia en Cuba, sino precisamente para liquidar la democracia en Cuba, para poner fin a la independencia cubana y a la sociedad que los cubanos nos hemos dado.
(...)
Me hiciste recordar que en una ocasión el compañero Jaime Crombet, vicepresidente de la Asamblea, se encontró con una delegación latinoamericana, me parece que fue en Cienfuegos, porque Jaime estaba por allá en una reunión de las que normalmente tenemos con los diputados de ese territorio y los delegados provinciales, municipales, etcétera, y estaban controlando, verificando, algunas actividades en la zona de Cienfuegos, en el marco de los estudios que ellos hacían —Jaime presidía en ese momento la Comisión especial sobre energía—, y entonces estos amigos no lograban entender qué diablos hacía el vicepresidente de la Asamblea Nacional en unas discusiones y en unas reuniones en unas fábricas, en una provincia fuera de la capital.
Yo te diría que esta es una vieja discusión sobre la cual se pueden tener distintos puntos de vista, por supuesto. Desde que existe la humanidad, desde que existe la sociedad, ha estado planteado el problema de las relaciones entre los hombres y de cómo se gobierna esa sociedad; siempre ha estado presente el problema de la desigualdad. En sociedades desiguales es difícil imaginar que pueda realmente funcionar un sistema representativo; o sea, cómo pueden erigir un sistema de gobierno común los ricos y los pobres, los explotadores y los explotados, etcétera. Esto forma parte de la cultura occidental de forma muy arraigada. El viejo Juan Jacobo Rousseau lo estudió a fondo y llegó a la conclusión de que la democracia era una utopía, que solamente podía existir en una sociedad utópica, en una sociedad donde se resolviera el gran problema de la desigualdad entre los hombres. El no podía imaginar, en su época, que algún día la humanidad llegara a concebir un tipo de sociedad donde la igualdad fuese posible y la solidaridad humana en consecuencia.
Ahora, un discípulo de Rousseau, ya en este siglo, el austriaco Hans Kelsen, que fue una personalidad austriaca de mucho renombre —entre otras cosas, era autor de la Constitución de la República Austriaca—, decía que este era un problema que hacía que la democracia representativa fuera una ficción; que realmente no podía existir en las sociedades basadas en la desigualdad, la representación como tal. Solamente él concibió una posibilidad y él decía: “en la medida en que se parlamentarice la sociedad, en la que se logre que la función parlamentaria se extienda, se disemine por toda la sociedad”. Yo diría que los Parlamentos Obreros es, en cierta medida, como una realización de ese ideal.
¿Cómo enfrentamos aquí la peor crisis de nuestra historia? No fue mediante una decisión del Parlamento, tuvimos una discusión, intercambiamos opiniones, cada cual expresó lo que consideraba, ¿ahora cuál fue el acuerdo, el único acuerdo? Convocar a los trabajadores, a todo el pueblo, a que ellos hicieran eso.
La discusión nuestra fue en 1993, y hasta mayo de 1994 aproximadamente este país fue un hervidero de asambleas, de discusiones, en todos los centros laborales, pero también en los estudiantiles, en las bases campesinas, etcétera. Un poquitico después el mundo se enteró de algo que había estado ocurriendo al mismo tiempo, y que te da una idea de qué cosa la verdad y la mentira sobre la democracia.
En enero de 1997, una organización no gubernamental francesa dio a conocer, a través de Internet, el texto de un acuerdo multilateral de inversiones, que estaba a punto de ser firmado por los grandes países capitalistas y democráticos de este mundo; que lo habían estado negociando desde mayo de 1995, según se supo después, pero que no lo habían discutido con nadie, que no se había visto en ningún Parlamento, por muy democrático que sea.
Hay declaraciones de protestas de políticos en Australia, en Francia, en Canadá. Al enterarse de eso nuestros “ilustres” colegas del Parlamento norteamericano también se enteraron, un poquitico después: el 5 de noviembre de 1997 le mandaron una carta a Clinton pidiéndole información, diciéndole: “Oiga, este es un tema que debería haber sido discutido aquí en la Cámara de Representantes y no sabemos de qué están hablando. Dicen por ahí que hay un acuerdo multilateral de inversiones que se va a firmar.” Recibieron, según tengo entendido, el 20 de enero un acuse de recibo; pero grandes parlamentos, de grandes naciones democráticas, nunca discutieron un acuerdo que, si se hubiera puesto en práctica, hubiera dado libertad de acción irrestricta a los monopolios capitalistas. Hubiera, entre otras cosas, obligado a todas las legislaturas del mundo a anular todas sus legislaciones contrarias al libre flujo de los capitales y a comprometerse a no hacer algo parecido en el futuro.
Se supo después también que la delegación norteamericana a esas negociaciones consultaba, por supuesto, pero no con los senadores, ni con los representantes, sino con un grupo formado por las 500 corporaciones más importantes. Ese es el verdadero Parlamento norteamericano, esos son los que sí opinan, deciden.
En los días en que los cubanos discutíamos en los Parlamentos Obreros, en el año de 1994, busca, tú eres periodista, seguro que vas a encontrar algún acuerdo del Fondo Monetario Internacional que algún país de ese “jardín democrático floreciente”, según la Ley Helms-Burton, tuvo que aplicar. ¿Cuándo alguien ha discutido en algún Parlamento un paquete del Fondo Monetario Internacional? ¿Cuándo? ¿Cuándo se les ha consulado a los trabajadores?
Por cierto que ahora mismo, en el foro este de Porto Alegre al que tuve el honor de asistir, ese fue uno de los planteamientos que se hicieron en el foro parlamentario, que hay que ir a discutir no solo con los parlamentos, sino con los pueblos.
El ALCA, ¿cómo tú le vas a imponer a los pueblos de América Latina un llamado libre comercio con Estados Unidos, que puede significar que alguna fábrica cierre, que puede significar que alguna gente pase al desempleo, que puede significar que sus economías sean avasalladas por una gran potencia económica como Estados Unidos? ¿Son demócratas o no son demócratas? Por lo menos que le pregunten la opinión a la gente.
Nosotros en situación muy difícil, muy compleja, sí lo hicimos, y por eso es que logramos superar esa situación; precisamente por eso: confiando en el pueblo, con la fuerza del pueblo y con la capacidad de nuestra gente de encarar los problemas. Por supuesto, seguimos teniendo dificultades, pero las resolveremos todas siempre sobre esa base de más democracia, que es decir más socialismo.
(...)
La Asamblea, su parte más visible, por supuesto, son los dos períodos de sesiones ordinarios, que celebra cada año, aunque también puede y ha hecho en más de una ocasión, reuniones extraordinarias.
Ahora, esta es la actividad, digamos, plenaria, la ocasión en que todos los diputados se reúnen en La Habana para discutir y dar la aprobación final a los proyectos de leyes, o a los informes de rendición de cuenta que presente algún organismo, algún ministerio o la Fiscalía General de la República o el Tribunal Supremo, según el caso; pero, realmente, esa actividad está precedida por una, que quizás sea menos visible, pero no deja de ser tan intensa como la otra.
En primer lugar, tenemos la actividad de las comisiones permanentes. Aquí hay varios compañeros, los estoy viendo frente a mí, que son dirigentes de algunas de nuestras comisiones permanentes, y los dos que veo delante, Tomás y Leonardo, ellos prácticamente nunca están en La Habana, se pasan la vida entera recorriendo el país en distintas actividades con los diputados en sus territorios y con las demás instancias del Poder Popular, ya sea en el caso de Tomás, con la Comisión de Atención a los Organos Locales, o en el de Leonardo con la que se ocupa de la actividad productiva.
De ese modo nosotros, además, discutimos en los territorios los proyectos de leyes que después llegarán a la sesión plenaria final. No recuerdo ningún texto que no haya sido discutido una buena cantidad de veces. Hoy mismo, en la reunión que teníamos esta mañana acá en la Asamblea con los presidentes de las comisiones, se habló de una ley que creo que se había visto, 20 versiones, según recordaba el compañero.
No son diputados profesionales, no se mueven para la capital a recibir un jugoso salario, las dietas y las prestaciones que en otros casos y otros países reciben —no los critico, evidentemente, si tú trasladas, creas esa estructura artificial tienes que mantenerla y no es fácil—, sino que la mayoría de nuestros compañeros y compañeras se mantienen en su territorio, en su trabajo, en su labor normal. Esto no es un lastre para la labor parlamentaria, si uno la entiende con un sentido raigal, si no se va por la cosa puramente formal; porque, precisamente, una de las cualidades que podemos apreciar en nuestro sistema asambleario es la vinculación real con la gente.
Las asambleas municipales todas están formadas por delegados de circunscripción, que viven en su circunscripción, trabajan y funcionan toda la vida ahí. En las asambleas provincias y en la Asamblea Nacional, hay una buena cantidad de sus miembros que son también delegados de circunscripción. En el caso de la Asamblea Nacional son aproximadamente la mitad, o compañeros con alguna otra responsabilidad en su territorio. No los movemos a ellos para La Habana a alojarse acá en la capital y a vivir contra un salario, con todas las prestaciones que la sociedad tendría que darles, como funciona en el resto del mundo, sino que ellos siguen aportándole a la sociedad, pero a la vez retroalimentando a la Asamblea con el hecho de que no hayan abandonado su responsabilidad ni su profesión, etcétera.
La cuestión está en cómo desarrollar creativamente la necesidad de un trabajo permanente a lo largo del año, y esa característica de la no profesionalización de los miembros. Creo que eso se ha demostrado que es posible. Por supuesto, todo esto hay que verlo siempre con un sentido crítico y autocrítico. O sea, nadie puede considerar que todo esté resuelto, ni que se haya alcanzado la mejor de las formas posibles; pero se trabaja sobre eso.
Hay muchas otras actividades que pudiera mencionar. En los últimos años hemos estado desarrollando las audiencias públicas, que es un sistema que existe en muchos otros parlamentos; en el caso nuestro no son iguales que las de otras partes.
¿Una audiencia qué cosa es? Una reunión de una comisión en la cual participan algunas personas que no son parlamentarias, que pueden aportar algún conocimiento, puede ser un especialista de alguna materia, alguna persona interesada en algún tema.
Nosotros las hemos hecho. Hemos hecho una treintena de series de audiencias, porque ha habido audiencias que han implicado decenas de reuniones a lo largo del país, en las que ha participado mucha gente y se ha logrado incorporar a muchas más personas que las que se hubieran incorporado a una reunión cerrada en la capital, en un despacho de una comisión permanente.
Estamos desarrollando también un sistema que se parece al que tienen otros parlamentos, aunque no es exactamente igual, que son las comparecencia de los ministros o jefes de organismos ante los diputados, donde rinden información sobre su actividad y responden preguntas de los compañeros.
Esto es un sistema de preguntas y respuestas que tienen algunos parlamentos, una vieja tradición que viene del Parlamento británico; en algunos lugares son preguntas escritas, que se le envían al ministro, él las responde o las responde un portavoz, también por escrito. En el caso nuestro los compañeros comparecen durante largas horas, van ahí con todo su equipo de dirección y realmente ha habido discusiones muy ricas, muy buenas.
Yo recuerdo cuando Abel Prieto, ministro de Cultura, rindió su información, creo que hubo 42 preguntas, 42 intervenciones de diputados que querían precisar o querían opinar sobre algún aspecto de la labor de su ministerio, el Ministerio de Cultura. Es decir, tratamos de desarrollar un concepto que juegue con aquella idea que mencioné antes, del viejo Kelsen, de la parlamentarización de la sociedad; o sea, no un parlamento concebido como un grupo de seres excepcionalmente dotados, poseedores de una misión especial en la sociedad, sino, sencillamente, como personas que tienen como principal misión, la de ayudar a la participación de todos en el sistema de gobierno nuestro. El desarrollo de esto todavía da pie para muchas cosas más que tendremos que ir inventando y desarrollando hacia adelante; pero esa es un poco la idea.
Digamos, si vemos las leyes que hemos aprobado en este período, hablamos de los Parlamentos Obreros, de los que salió aquel documento que era como una base, un conjunto de principios, de criterios para enfrentar la crisis económica; pero también salieron leyes como las del sistema tributario, como la de inversión extranjera, que fueron objeto del mismo proceso de discusión y de análisis en los territorios con todos los diputados. Al final, eso concluye en un debate y en una aprobación formal en plenario; pero en realidad, si tomamos en cuenta el número de horas dedicadas al análisis de un texto y el número de personas que participaron en ese análisis, yo diría que nuestro Parlamento no tiene nada que temer en temas de comparación con el más activo del mundo.
Tenemos menos discursos retóricos, menos actividad de parloteo; pero son muchos más los que pueden opinar y participar en el proceso de adopción de una norma jurídica, que en lo que ocurre en otras partes. Y es mayor el tiempo que dedican nuestros compañeros, creo que es un elemento de justicia con relación a ellos. Puede ser que la sesión de la Asamblea demorase un día o dos, que eso lo van a destacar todos los agudos periodistas extranjeros; sí, pero lo que no ven son las semanas que antes de eso, dedicaron esos mismos diputados y mucha otra gente que no son diputados, pero que también tienen derechos en este país, en el mismo proceso que conduce a la aprobación final de un texto.
No es un sistema común, no es el que se aplica por ahí, pero también en este mundo la idea de que no haya campañas electorales, la idea de que no haya aparatos electoreros que promuevan a los candidatos es algo totalmente inusual. Lógicamente, es un Parlamento que surge de esa realidad, de esa autenticidad en la que no se repiten los moldes de otros, pero se busca lograr realmente que la gente participe.
Por supuesto que no. Entre otras cosas que tienen que venir a la mente de todos los cubanos en esta fecha, cuando recordamos el 24 de Febrero, el reinicio de la guerra por la independencia, recordemos lo que José Martí le dijo a Juan Gualberto, que es su delegado en Cuba, a quien le está orientando reiniciar las hostilidades. ¿Qué le dice Martí a Juan Gualberto? ¿Qué es lo que vamos a hacer? ¿A dónde está convocando, a qué está convocando Martí a los cubanos? Le dice: “Conquistaremos toda la justicia.” Eso es mucho más que expulsar a los españoles y establecer una república. Conquistar toda la justicia es una meta por la que habrá que estar luchando durante un largo período, y sentirse satisfecho ante esa meta realmente sería un error, una barbaridad.
Nosotros los cubanos, toda nuestra sociedad, hoy, estamos enfrascados en una lucha precisamente para extender la justicia, para hacerla más real, para alcanzar ese gran ideal y hacerlo más real para toda la sociedad cubana.
Hay muchos ejemplos, que tú conoces muy bien, Polanco, desde lo que hacemos para llevar la cultura a toda la población, el poner al alcance de todos la posibilidad de desarrollar y dominar una cultura realmente integral, profunda, amplia, pero llevando a todo el mundo la televisión, eso ha sido y es un elemento crucial para lograr aquello que también decía Martí de que ser cultos es la única forma de ser libres. Entonces, para que el ciudadano pueda ser realmente libre y realmente sujeto y protagonista de una verdadera democracia, tiene que ser culto, y mientras más culto sea, más libre va a ser y mejor participante en la dirección de la sociedad. Nosotros no nos quedamos en palabras, sino que tratamos y estamos desarrollando un programa muy intenso en este sentido.
Pero hay muchas otras cosas: lo que están haciendo nuestros jóvenes en materia de asistencia social, todo lo que ha hecho la FEU a lo largo de muchos meses, lo que representa la Escuela de Trabajadores Sociales, la obra que están haciendo esos compañeros recién graduados y la que harán los que siguen por ese mismo camino. ¿Qué cosa es todo eso si no es seguir luchando por conquistar más justicia, por hacer más justa nuestra sociedad, por hacer la justicia más real? ¿Qué cosa es eso si no hacer más socialismo, si no profundizar, fortalecer nuestro socialismo? Y eso es lo mismo que fortalecer y desarrollar nuestra democracia.
Si tú lo ves desde esa perspectiva que es desde la que hay que verlo, por supuesto que no podemos estar sino insatisfechos con lo que hemos logrado hasta ahora, porque nuestras asambleas y todo el sistema del Poder Popular tiene que ser expresión y síntesis de todo ese esfuerzo colectivo, de todo ese esfuerzo que lo que busca es precisamente perfeccionar nuestra sociedad, perfeccionar nuestro socialismo, alcanzar aquello que Martí nos prometió, aquello que nos dijo que era la meta, para que un día como hoy reiniciáramos la lucha, que es toda la justicia para todo nuestro pueblo.
Creo que debemos estar no satisfechos, insatisfechos por lo que nos falta por avanzar, pero sí reconocer con cierto orgullo que, sin haber alcanzado la perfección, vivimos en el país donde más se ha luchado y más se ha hecho por la felicidad del hombre y de la mujer y por el ejercicio real, cabal de la libertad.