La Habana, Enero 5, 2005
El proceso electoral actual es el primero que vamos a llevar a cabo en nuestro país después que el imperio, de una manera desfachatada, de una manera insolente, nos ha anunciado que no va a haber más elecciones democráticas en nuestro país, que nuestro país dejará de existir, que será aplastado completamente el día que lograsen, piensan ellos - nosotros sabemos que ese día jamás ocurrirá- apoderarse de él.
Recordemos, que en este plan infame que publicaron el pasado mes de mayo, entre otras cosas, para la Cuba futura como ellos la imaginan, no habría más ni un registro electoral automático, fácil, transparente, en el que el elector aparecería sin tener que hacer ningún engorroso trámite, sin tener que gastar un centavo. No habría más elecciones en las que los candidatos surgiesen del mismo pueblo, no habría más un pueblo con la capacidad para ser él mismo el que decidiese quiénes serían los candidatos y eligiese después entre ellos al que considerase el mejor, no habría más, en rigor, un sistema democrático, un sistema en el que el pueblo fuese el principal protagonista.
Eso es lo que desaparecería en relación al proceso electoral, porque sabemos que además desaparecerían todas las conquistas alcanzadas por nuestro pueblo, incluso la independencia. Con relación al sistema electoral, dicen que se aplicaría el que allá rige.
Yo creo que ese proceso electoral que iniciamos ahora, el primero después que nuestro pueblo ha sido insultado de ese modo por el imperio, equivale en cierta medida en lo político, a lo que fue ese inmenso ejercicio en que todo nuestro pueblo participó de un modo u otro, el Bastión 2004.
Este debe ser un bastión político porque de la calidad con que lo desarrollemos dependerá también el fortalecimiento de nuestra cultura política, el fortalecimiento de nuestras convicciones patrióticas, será también un modo de prepararnos en lo político para seguir en nuestra resistencia, para seguir preparándonos para si fuese necesario, y llegase el día en que osara el imperialismo tratar de poner fin a nuestra independencia.
Los felicitamos a ustedes, les pedimos - y estoy seguro que así lo harán- que dediquen a esta tarea todo el empeño, todo el rigor que su significación histórica le da. Les pedimos a los representantes de las organizaciones sociales y de masas que nos acompañan hoy, a los representantes de nuestros medios informativos que brinden todo su apoyo para que este proceso electoral no sólo sea de la limpieza, la transparencia, la honestidad que caracteriza en nuestra patria a todas las elecciones que desde la inauguración del sistema del Poder Popular hemos llevado a cabo, sino que además sean un ejemplo de participación consciente, real, de todo el conjunto de nuestra sociedad, porque el cubano dispone de muchos derechos que son desconocidos para miles de millones de personas en el planeta.
No sólo es tener la educación universal gratuita y realmente accesible para todos, no solamente es tener los servicios de salud de alta calidad, gratuitos, universales y accesibles para todos, no solo es un régimen de seguridad y asistencia social en un mundo donde es el egoísmo lo que predomina, sino que además - y es la base de las demás conquistas - nuestro pueblo posee la capacidad de ser él el que decida, no solo el día de las elecciones con su voto para escoger a quien considere deba representarlo, sino para ser él el que pueda decidir quiénes van a ser los candidatos entre los cuales más tarde habrá que decidir y además para controlar realmente el proceso.
Creo que tenemos que pensar en cómo manejar este proceso de cara a la batalla de ideas que libra nuestro país, al enfrentamiento con ese imperio que pretende extirpar de nuestra patria la democracia e imponer el llamado sistema norteamericano. Además, de cara a un pueblo culto, cada día más preparado para comprender el mundo en que vivimos y para movilizarse y organizarse para esa difícil, compleja batalla que hoy libramos los cubanos.
Del sistema electoral que nos quieren imponer, vamos a decir algunas palabras. Esto lo recibí ayer (hace dos meses que esas informaciones están circulando por los circuitos alternativos de información). Es un documento muy interesante titulado «18 hechos acerca del sistema electoral norteamericano». Veamos algunos:
Más del 80% de la gente en Estados Unidos vota usando máquinas que fabrican dos compañías.
Los dirigentes de las dos compañías son hermanos.
Los dirigentes de las dos compañías fueron dirigentes de la campaña electoral y grandes contribuyentes a la campaña electoral del señor Bush.
El presidente de una de esas compañías declaró en el 2003 que iba a garantizar la victoria de Bush en el Estado de Ohio.
Estas máquinas que registran los votos no entregan al votante ningún recibo, ninguna constancia sobre como votó.
Estas compañías se dedican además a fabricar máquinas de juegos y emiten certificados para cada usuario, sin embargo no lo hacen para una cosa tan importante como el voto.
En el estado de Ohio, no se permitió la presencia de ningún observador internacional. Recuerden que, por la presión popular, esta vez, muchas organizaciones enviaron observadores. En Ohio, no. Este estado estaba garantizado por el propietario de las máquinas a través de las cuales votaron los electores.
En el Estado de la Florida, aparecieron numerosos errores de cómo las máquinas certificaron los votos. Hay otros datos de como las máquinas beneficiaron al candidato del partido republicano.
El sistema, que se presenta como el ejemplo para todo el mundo, es en el que la gente ni sabe por qué alguien se convirtió en candidato, ni puede saber siquiera como ella votó, lo cual produce - y estoy seguro que los colegas de la prensa lo recordarán porque fue bastante notorio - que se vieron algunos milagros como aquel lugar de votación de Ohio, donde, en cifras redondas, votaron 600 personas y las máquinas dieron los siguientes resultados: 600 votaron, 300 lo hicieron por el señor Kerry y 3 mil 400 por el señor Bush.
Ayer se anunció en Puerto Rico algo de lo cual también se había hablado durante las últimas semanas: alguien compró un escaño de senador. La persona que había aspirado a gobernador como candidato del partido anexionista, que perdió en la votación popular para ese cargo, decidió convertirse en senador. Hacía varias semanas que se hablaba de esto, porque una senadora declaró disgustada que le habían ofrecido 140 mil dólares por su escaño para que lo obtuviese ese caballero. La noticia de ayer es que otra persona renunció, un senador que el pueblo de Arecibo había elegido. Hay ciertas dudas en la prensa, porque la ley del mercado funciona también en la politiquería, no se sabe si llegaron a ser 300 mil dólares o 500 mil dólares el precio que tuvo ese escaño senatorial. En noviembre la gente votó por un señor y en enero el cargo lo viene a ocupar alguien que aspiró a una posición y perdió, que fue derrotado.
No digo eso con un sentido crítico, me parece un aporte que viene de un territorio colonial - más o menos lo que sería Cuba si se diese el plan imperialista o como sería América Latina si se aplicase el ALCA - pero después de todo, es un elemento de transparencia, de franqueza que hay que apreciar. ¿Por qué no comprar un escaño en el capitalismo, si después de todo, es el dinero, es la corrupción la que dirige todo el proceso? Me parece que lo que acaba de anunciarse en esa isla es, después de todo, lo más honesto que pudiera haber, que fijen un precio, compren el cargo senatorial, porque allí no es el pueblo quien decide, allí deciden los aparatos electoreros, el dinero de quienes pagan a los candidatos y, en el caso norteamericano, para colmo, decide una máquina que nadie puede controlar.
¿Ustedes saben cuáles son las diferencias raigales entre ese cuadro realmente bochornoso que ofrece hoy el sistema electoral, que se pretende imponer como una norma para todo el mundo y nuestro sistema electoral? El cubano no solo sabe cómo votó, sino que puede participar y debemos invitarlo a que participe en el momento en que se cuentan los votos; el cubano sabe además quiénes eran los candidatos porque participó del proceso para llevarlos a esa honrosa situación.
Debemos esforzarnos para que esta vez sea aun mayor, aun más consciente la participación de nuestros electores en las asambleas, en las que son ellos los que van a decidir quienes van a ser, de entre ellos mismos, los candidatos, y a que participen en unas elecciones en las cuales ustedes también tienen que velar por su transparencia, por su honestidad, por su buena organización; que sean testigos de que las urnas estaban completamente vacías antes de empezar el momento del acto de depositar las boletas y que puedan después - ellos que son los que deciden y no las máquinas - saber cuales fueron los resultados de cada una de esas elecciones. Nosotros estamos iniciando un proceso que es sumamente raro en este mundo, como rara es nuestra sociedad.
Para orgullo nuestro, a ustedes les toca la gran responsabilidad de hacer de este proceso el mejor, el que constituya en sí mismo una gran batalla política que tenemos que librar con todo nuestro pueblo, que contribuya además a la gran batalla que la nación entera libra para preservar su independencia y para seguir brillando, como una alternativa para esas miles de millones de personas en todo el planeta que no tienen las posibilidades, los derechos, los atributos que en nuestra sociedad, por ser verdaderamente democrática, posee el pueblo.
Estoy seguro que ustedes van a estar a la altura de esa responsabilidad. Es a dirigirla, a conducirla, a garantizarla que han sido convocados. Por eso los felicitamos, porque al patriota revolucionario hay que felicitarlo cada vez que se le da una tarea desafiante.